Madrid zona cero

La libertad es poder divertirse con las amigas sin prohibiciones. Tomar cañas, abrazarse, reírse. Moverse sin restricciones. Rechazar las imposiciones y las limitaciones. Salir a la calle cuando queramos. Somos libres. Después de más de un año de pandemia, la derecha ha sabido leer el estado de ánimo de la sociedad madrileña y le ha dicho lo que quería escuchar. Díaz Ayuso transmite confianza y optimismo. En una entrevista en el diario 20 minutos le preguntaron qué Madrid veríamos en dos años si seguía gobernando. Ayuso contestó: Va a ser una nueva etapa en la que la gente joven va a recuperar sus vidas. Una etapa de socializar, de poder tener pareja y estudiar. La balanza se va a inclinar del lado de la vida, de los proyectos. Veo un Madrid muy ilusionante. Ayuso vende ilusiones. La realidad es otra cosa pero no importa. El relato es capaz de modificar la percepción, al menos a corto plazo, sobre la propia realidad. Ayuso es como el padre de la Vida es bella, interpretado por Roberto Benigni, que se inventa un juego para ocultar a su hijo la realidad del campo de concentración en el que están encerrados, con la diferencia de que la sociedad no es una niña y que su intención no es proteger sino engañar. El engaño lo podemos entrever, al día siguiente de las últimas elecciones a la Comunidad de Madrid, cuando se convoca un concurso público para que consultoras privadas gestionen 1.509.097,85 euros de fondos europeos. La consultora privada que sea agraciada podrá morder de esos fondos públicos el trozo de pastel que le ofrece la presidenta madrileña. Esta práctica no es nueva. Por supuesto. Es la manera especial de actuar del Partido Popular madrileño desde hace décadas.

La deriva neoliberal de la Comunidad de Madrid se acentuó con la victoria de Esperanza Aguirre en las elecciones del 2003 posteriores al tamayazo, ante el cual, Rodríguez Zapatero, secretario general en aquel momento del PSOE, ordenó dar carpetazo. Esta victoria no solo supuso la imposición de una agenda neoliberal basada en la erosión gradual de los servicios públicos, la extensión del modelo de colaboración público-privado que permitió el acceso de entidades privadas a servicios como la educación o la salud y el desvío de fondos públicos a compañías privadas y empresarias, que a su vez financiaron al Partido Popular. También supuso el inicio de la guerra de ideas, que pretendía plantar batalla a una supuesta hegemonía ideológica de la izquierda mediante el apoyo institucional y la financiación de medios de comunicación, como Libertad Digital o Intereconomía, y el fortalecimiento y la progresiva creación de fundaciones de naturaleza ideológica, como la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), Fundación Internacional para la Libertad, Instituto Juan de Mariana o Fundación Burke, entre otras. De esta manera se fueron conformando las bases para la pelea ideológica con la izquierda y para implantar gradualmente medidas neoliberales basadas en el deterioro de los servicios públicos, que fueran instalando la idea de que la iniciativa privada es de mayor calidad. Madrid ha sido, en este sentido, un laboratorio de ideas de la derecha y de prácticas neoliberales que han ido calando y modificando el pensamiento sociopolítico de una parte importante de la población madrileña.

A la batalla de las ideas se unió con entusiasmo la extrema derecha. La Fundación para la Defensa de Nación Española (DENAES), que presidió Santiago Abascal, o la Fundación Disenso son algunas de las que batallan contra el feminismo, la perspectiva de género, la izquierda o la inmigración, y defienden el patriotismo y la unidad de España. Esta amalgama de fundaciones y la difusión de ciertas ideas discriminatorias y racistas en los medios de comunicación confieren seriedad y posibilidad a las mismas. De estar en las cavernas a pasearse por platós con focos y altavoces. Probablemente no habrían soñado con un escenario como el actual. El eje ideológico se ha trasladado de manera evidente hacia la derecha favoreciendo que determinadas ideas formen parte de nuevo del debate público. En este contexto, todo es posible. En las celebraciones en la Puerta del Sol de Madrid por el fin del estado de alarma en el que decenas de madrileñas bailaban y reían, como le gusta a Díaz Ayuso, un grupo de hedonistas finalizaba sus alegres cánticos con un ¡viva España! Otras reivindicaban la libertad que se les había arrebatado. Los hosteleros, aunque no hayan recibido ningún tipo de ayuda, están agradecidos por dejarles abrir. Algunos establecimientos cuelgan carteles con un ¡Gracias Ayuso! Es el agradecimiento del siervo. En realidad la posición de Ayuso ha sido muy coherente con sus principios en el gobierno de Madrid, con la connivencia de Ciudadanos y VOX. Se ha dejado hacer con la mínima intervención. Las medidas anticovid se han aplicado de forma relajada. Se ha mirado hacia otro lado de manera conveniente. El centro de Madrid ha sido una fiesta todos los fines de semana.

La gente no quiere noticias negativas. En la época de la psicología positiva, huimos de las realidades que nos amargan y nos conformamos con los relatos que nos arrullan. Aunque sean manifiestamente manipuladores y pueriles. Más de un año después de la aparición del COVID-19 necesitamos un cuento que nos aporte esperanza y conecte con lo que deseamos. Algunas prefieren que nos hablen de libertad. Algunas prefieren negar la realidad. Es la manera que tienen de sobrevivir en un contexto aversivo. Ayuso ha hecho una oportuna lectura psicológica de la situación. Ha conseguido sintonizar con el estado de ánimo de parte de la sociedad madrileña y les ha dicho lo que querían oír. Esta conexión emocional convive paradójicamente con la desconexión con una realidad que es ansiógena. La libertad de Ayuso se enfrentó a la responsabilidad ante una crisis sanitaria y salió victoriosa. A partir de aquí, continuaremos con la deriva neoliberal. Con libertad, eso sí.

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