Consuelo de tontos

Bendita independencia que ha conseguido acabar con el desempleo, los desahucios y la corrupción. Es una estrategia bien conocida que consiste en ocultar un mal menor con un mal mayor porque si hay algo que para los nacionalistas españoles, herederos de la España indivisible franquista, es el mayor de los males, el holocausto patrio, es la España cincuenta y una. Es tocar Catalunya y aparecen todos los sarpullidos que cuarenta años de dictadura han instalado en el adn español. Es tocar Catalunya y todos los problemas desaparecen, como si no existieran, aunque el simple hecho de pisar la calle y mirar a nuestro alrededor nos muestre lo contrario. 

Si uno se levanta pronto por la mañana puede ser testigo de las colas ante los comedores sociales que proporcionan desayuno a las miles de personas que carecen de medios para satisfacer sus necesidades por su cuenta. Si hablas con una madre mayor de cuarenta años y desempleada de larga duración verás aparecer sus lágrimas, su frustración y su rabia porque no puede dar a sus hijos lo mínimo necesario. Si entras en el supermercado, al lado de la puerta, casi invisible, se sienta una mujer que alarga su brazo y extiende la mano cada vez que siente que alguien pasa a su lado. 

En las calles, personas ocultas tras un trozo de cartón, con unas palabras garabateadas, y la mirada clavada en el asfalto piden ayuda para comer. Si te montas en el metro se sucede una persona tras otra con un relato preparado, que se pierde por los vagones, dirigido a esas otras personas, sentadas en sus asientos, a las que les cuesta levantar su mirada del suelo o del móvil, por vergüenza o por desinterés de la desgracia ajena que, en estos momentos que nos toca vivir, es cada vez más compartida. 

No importa que se sigan produciendo suicidios porque la gente se sigue quedando sin un techo bajo el que puedan vivir. No importa que nuestra vida se reduzca a ganar dinero, quién pueda, y a entrar y salir de los centros comerciales. No importa que estemos alienados, colonizados por un capitalismo agonizante que en sus estertores vomita miseria y podredumbre material y moral. Todo esto y más carece de importancia porque lo realmente importante es si Catalunya se independiza o no. 

La iglesia española si tiene que proteger algo es la unidad de España, un bien moral donde los haya. Los medios de comunicación si tienen que debatir de algo es sobre el gran riesgo para la sociedad: el caos, el anatema del independentismo. Si el presidente español tiene que decir algo es…el hazmerreír de medio estado y a la vez su vergüenza. Cuando esto pase seguirán las colas, nos seguiremos montando en el metro y miraremos nuestros móviles, se seguirá pidiendo para sobrevivir, seguiremos rindiendo pleitesía al dinero y a los objetos, seguiremos zambulléndonos en el consumismo que nos devora y seguiremos perdiendo las casas y nuestros trabajos. 

Pero eso sí, el mal mayor igual se ha conseguido conjurar. Consuelo de tontos.



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