Aguirre y Cifuentes, las mejores candidatas

El Partido Popular nos da lecciones de su democracia no solo en la gobernanza. Rajoy nos ha demostrado quién decide qué y cómo. No es que lo haga por ser como es sino que es la herencia recibida de sus dos grandes predecesores, Fraga y Aznar. El olvidado Hernández Mancha ni herencia dejó. De la misma manera que la corrupción popular no es cosa de Bárcenas sino del partido, la particular manera de entender la democracia no es cosa solo de Rajoy sino del partido. Elegir a dedo es lo que hizo Fraga cuando eligió a Aznar y lo que hizo Aznar cuando eligió a Rajoy. Lo democrático para los populares es que este funcionamiento es aceptado por todos aunque la norma no resista una básica auditoría democrática. 

Aceptan esperar a que Rajoy deshoje la margarita y anuncie quiénes son los elegidos. Algunos se quejan pero con la boca pequeña, no vaya a ser que caigan en la lista de los proscritos, o prefieren hacerlo como mejor se manejan, que es desde el juego sucio interno en el que Rajoy ha demostrado que se mueve con ligereza y con capacidad para desactivar las conspiraciones. Aguirre forma parte de esos políticos que despiertan poca simpatía en el presidente del partido pero este sabe también que en política no puede dejarse llevar por antipatías personales. Si algo es Rajoy es práctico y conoce que Aguirre, a pesar de su historial, es la política reverenciada por una gran parte de la derecha madrileña. 

Como es bien conocido, el grueso de militantes y simpatizantes del Partido Popular no destaca por sus credenciales democráticas. Entienden la democracia como ir a votar al Partido Popular. Da igual quiénes son los candidatos ni lo que digan ni lo que hagan. No importó, en su momento, que se llamaran Carlos Fabra, León de la Riva o Francisco Camps. No les importó que Esperanza Aguirre ganara sus primeras elecciones después del tamayazo, a pesar de las sospechas de pucherazo que algunos llamarían golpe blando. No les importa que el presidente gallego, Feijóo, haya compadreado con traficantes de droga. No les importó que el exalcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez, fuera condenado por acoso sexual a Nevenka Fernández y siguiera contando con los apoyos de sus vecinos para los que Nevenka no era más que una puta y una buscona. Incluso para Ana Botella, a la postre alcaldesa de Madrid, la actuación del exalcalde fue impecable.

Foto de @gabalaui

Esperanza Aguirre, que se ha rodeado en sus gobiernos de corruptos y que bajo su mando se han desarrollados varias tramas corruptas entre las que destacan la Gürtel y la Púnica, será la próxima candidata al Ayuntamiento de Madrid. Nada de esto importará a esa mayoría de votantes que pase lo que pase y antes de que gobiernen los bolivarianos, chavistas y comunistas de Podemos, Ganemos o cómo demonios se llamen, votarán a los suyos, aunque sean un poco ladrones. Madrid tiene la derecha más rancia, antidemocrática, extrema y recalcitrante del Estado Español y en este sector Esperanza Aguirre arrasa. Si no fuera de esta manera, su historial la incapacitaría hasta para ser ordenanza del ayuntamiento.

La otra candidata para la Comunidad de Madrid es Cristina Cifuentes que no tiene el mismo tirón político que la lideresa pero que en los últimos años se ha sabido posicionar bien en la línea de salida hacia la candidatura gracias a la mano dura mostrada contra los camorristas, pendencieros, golpistas, totalitarios, resentidos y demagogos del 15M, según Aguirre, claro. Cifuentes ha sido la que ha liderado la represión policial y administrativa contra los movimientos sociales contestatarios. La Delegación del Gobierno que preside ha sido condenada en varias ocasiones por vulneración de los derechos fundamentales de los manifestantes. No ha dudado en criminalizar a los activistas ni en defender las agresiones policiales que han sido documentadas gráficamente. Y todo ello lo ha hecho con la mejor de sus sonrisas.

Rajoy sabe elegir los candidatos más adecuados porque conoce quiénes son sus votantes. Aguirre ha hecho morder el polvo a esos socialistas del PSOE en cuatro ocasiones, consiguiendo la mayoría absoluta en todas ellas, y estos trofeos de guerra la engrandecen ante los ojos desorbitados de sus groupies. Seguramente no conseguirán la mayoría absoluta que han atesorado en los últimos años pero tiene suficiente personal para mantenerlos en cabeza. Es que parten de una ventaja que no tiene ningún otro partido español y es que pase lo que pase, hagan lo que hagan, sus fans no les abandonan fácilmente. Son como el desodorante Rexona.

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