Reconstruir otra cosa de sus cenizas

¿Cómo nos podemos independizar del estado español? No soy catalán, ni gallego ni vasco. Nací en Castilla la Nueva y me crié en la otra, la Vieja, pero tengo la misma desafección a este estado que la de muchos compañeros vascos, catalanes y gallegos.
¡Y con el potencial que tiene esta tierra! Pero los conservadores, y aquellos que les han servido, y las élites económicas que han gobernado se encargaron de pervertir y arruinar lo bueno que tenía. Somos personas de orígenes diversos, tenemos un poco de judíos, de árabes, de cristianos, de romanos y visigodos y de gitanos pero los de la mente cuadriculada nos limitan y empobrecen.
Nos destacan hechos históricos, que significaron la muerte o el exilio de otros, como si fueran gestas. Nos hablan de figuras históricas, que fueron simples y viles asesinos, opresores, racistas e impulsores de ideologías del odio, como héroes nacionales. Los estudiamos en las escuelas, sin aristas, idealizados. Dan nombre a las plazas y calles por las que paseamos. Les erigimos monumentos y les dedicamos homenajes en sus aniversarios de nacimiento y muerte.
Y todo esto, esta manipulación de la historia y de los hechos, conforma nuestra identidad que, si no somos conscientes y nos esforzamos en desprendernos de ella, nos acompañará para toda la vida y nos enfrentará con aquellos que son diferentes, con aquellos a los que se ha señalado como enemigos de nuestra identidad.
El proceso de homogeneización iniciado hace siglos, el intento de eliminar las diferencias, de demonizar a los otros, ha construido el estado que conocemos actualmente porque, no en vano, gobiernan aquellos que heredaron los principios que convirtieron una tierra fértil y diversa en un páramo de pensamiento plano y reduccionista.
Y este estado, tal como está definido, se dirige a la autodestrucción -bienvenida si se produce- gracias a la acción y dirección de aquellos que hablan de unidad. Unidad que no es entendida como unidad de diferencias sino como la anulación de lo diferente. Es el canto de sirena conservador que nos canta que somos iguales, no en derechos, por supuesto, sino en españolidad. Esa España una, grande y libre con la que crecieron en su infancia, en sus escuelas y al amparo de sus opciones ideológicas y políticas.
La consulta catalana debería ser un catalizador que nos ayudara a construir otro modelo de convivencia, otra forma de relacionarnos entre nosotros, pero esto en la actualidad es imposible mientras las mismas fuerzas centrípetas sigan ejerciendo la presión de lo que tiene que ser español y controlando los resortes del poder siguiendo las directrices de las élites económicas, seguramente más cómodas en contextos de enfrentamiento que les permita seguir haciendo beneficiosos negocios mientras nuestros ojos miran hacia otro lado.
Si los gallegos, vascos y catalanes tienen el horizonte de la independencia, los demás nos quedamos huérfanos, rodeados de banderas rojigualdas, esas bajo las cuales se fusilaron a centenares de españoles y que ahora nos dicen que es la bandera de los españoles. Nosotros no tenemos la oportunidad de independizarnos de este estado. Solo podemos reconstruir otra cosa de sus cenizas.

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