Las tragaderas de una parte de la izquierda española o el cuento del golpe de estado en Venezuela



El 4 de febrero del 2014, unos estudiantes de la Universidad Nacional Experimental de Táchira en Venezuela salieron a la calle para protestar por la inseguridad ciudadana, a partir de un caso de abuso sexual de una estudiante. La policía venezolana reprimió la protesta y detuvo a varios de los manifestantes. Hasta aquí nada diferente de lo que estamos viviendo en el estado español. 

Al día siguiente, estudiantes de otras universidades del país salieron a la calle en solidaridad con lo ocurrido en Táchira para exigir la liberación de los detenidos. Estas protestas también fueron reprimidas y se produjeron nuevas detenciones. Hasta el momento no existen indicios de que el fascismo esté detrás de las protestas. 

Algunos oportunistas, como el político derechista Leopoldo López, intentaron aprovecharse de la situación y convertirla en un cuestionamiento del gobierno venezolano, sin el apoyo de la coalición de oposición de la MUD. Convocó varias manifestaciones con el lema de La Salida que fueron también reprimidas por el gobierno. 

Si nos volvemos a parar aquí, nos encontramos con un gobierno torpe que como en otros lugares del mundo, en los que podemos incluir al estado español, opta por el uso de la fuerza para evitar el legítimo derecho de los ciudadanos de manifestarse en reivindicación de sus intereses. Sigue sin aparecer el fascismo por más que la figura de Leopoldo López genere rechazo.

El 12 de febrero se convocaron manifestaciones en 18 ciudades en las que se continuó pidiendo la liberación de los detenidos y se incluyeron otras críticas hacia el gobierno relativas al desabastecimiento y otras cuestiones relacionadas con las medidas económicas que se pretenden implantar. La represión gubernamental provocó la muerte de 3 personas. 

Una de ellas fue el estudiante Bassil Dacosta, cuyos momentos previos a su asesinato pueden leerse y verse en las páginas del diario Últimas Noticias. La colaboración entre agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y otras personas, vestidas de civil, en la represión y asesinatos de los manifestantes se hace evidente en las imágenes. 

Y aquí tengo que decir que perdonen algunos que les moleste que lo llame asesinatos pero es lo que haríamos en este estado si sucediera lo mismo y las fuerzas y cuerpos de seguridad mataran a unas personas en el contexto de una manifestación. Además, la presencia de civiles armados, disparando contra los manifestantes, en connivencia con la policía resulta cuánto menos inquietante y, en la práctica, un desatino que genera violencia y desestabilización en el ejercicio del derecho a la manifestación de los ciudadanos.

En cuanto a los detenidos, organizaciones de DDHH como el Centro de Derechos Humanos de la UCAB (CDHUCAB) hablan de situaciones inaceptables que afectan diversos derechos, incluyendo la penalización de la protesta, las garantías mínimas al detenido, las garantías del debido proceso y las condiciones de detención, entre las cuales hay hechos que pueden calificarse como torturas, tratos crueles inhumanos o degradantes. Vale, sí, que estas organizaciones están financiadas por la CIA pero ¿qué les parece si lo verificamos?.

Y es que el gobierno venezolano lejos de asumir la responsabilidad en lo sucedido por la actuación represiva de las fuerzas policiales de seguridad decidió echar mano de la manipulación emocional e ideológica. En estas apareció el golpe de estado y el ataque fascista, Estados Unidos, la CIA, Colombia, Uribe y todo aquello que les permite eximirse de su responsabilidad.

Por supuesto que hay miles de personas dispuestas a comprar estos argumentos y a defenderlos contra viento y marea, analizando cada detalle que les permita confirmar sus sospechas -qué digo sospechas: certezas incuestionables- y anulando con clichés analíticos las evidencias que muestran las grabaciones de la represión. Todo es mentira y lo que no lo es es culpa de la oposición fascista.

Lo absolutamente alucinante, que no sorprendente, es la ausencia de crítica por parte de esa izquierda española de la represión ejercida por el gobierno venezolano contra manifestantes, en su gran mayoría pacíficos. Sí, hay excepciones, lo sé, la represión genera violencia, y la violencia más violencia pero, aún así, en la gran mayoría de los casos las protestas han sido y son pacíficas. 

No han dudado en defender lo que en el Estado español no dudarían en criticar. Han comprado cada uno de los torpes pero eficaces argumentos, fabricados por el gobierno de Maduro, y han reducido su capacidad analítica a que hay un golpe de estado y una agresión fascista. Así que, el Partido Popular ya sabe lo que tiene que hacer para criminalizar las protestas y a los manifestantes. Ah no, que ya lo han hecho:


Lo que pasa es que aquí no coló. Esa parte de la izquierda española identificó la criminalización de la movilización, mayormente pacífica, que los políticos de la derecha pretendían con estas declaraciones. No se dejaron engañar. Pero ¿por qué se lo tragan con respecto a Venezuela?

En Venezuela no ha habido ni se está produciendo un golpe de estado. Ha habido una represión muy violenta por parte de la policía venezolana, que ha provocado la muerte de varias personas, la mayoría de ellas en el ejercicio de un derecho fundamental como es el de la manifestación. 

Que esa parte de la izquierda no sea capaz de criticar y censurar estos hechos tiene que ver con la miopía ideológica y la aplicación de clichés analíticos, en función de su afinidad con las partes en juego. La crítica al gobierno venezolano es limitada y si surge, como en este caso, se pretende neutralizar cuestionando las fuentes (están financiados por agencias estadounidenses) o la persona (son fascistas, derechistas, escualidos).

Tenemos un problema en la izquierda si no somos capaces de cerrar filas en defensa de los DDHH y de los derechos fundamentales del ciudadano, en cualquier país del mundo y bajo cualquier régimen. No vale con criticar la irresponsabilidad de gobiernos como el de EE.UU o Israel y callarnos la boca con otros. Esta incoherencia se paga.

Y en Venezuela, veremos cómo termina esta opereta del gobierno y de la oposición derechista. Los peones, el pueblo que se manifiesta en la calle.


Dejo este enlace, del que he partido para escribir esta entrada, con una visión alternativa de lo que sucede en Venezuela:

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