El espantajo del artículo octavo: militares y ultras


Artículo 8º

1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

2. Una ley orgánica regulará las bases de la organización militar conforme a los principios de la presente Constitución.

Que el ejército sea el garante de la unidad del estado español es una de las herencias que nos dejó el fascismo español, tan preocupado y obsesionado con la indivisibilidad de la patria. Lo que debería ser una competencia exclusiva del pueblo, la poseen las fuerzas armadas, que en virtud de su capacidad de amedrentamiento podrían pretender forzar voluntades.

La celebración de un referendum en Cataluña pone los pelos como escarpias a los muchos patriotas de hojalata que pueblan la península ibérica que no dudan en amenazar con la acción militar, que bendice el artículo 8º de la Constitución española. Y, por supuesto, dentro de los propios militares habrá ultras suficientes que recojan el testigo.

Los [militares] que se dicen más demócratas, hablan de la celebración de un referendum a nivel de estado pero esta es una propuesta trampa porque el resultado del mismo sería muy predecible. No se apoyaría la independencia, aunque esta opción fuera suficientemente mayoritaria en Cataluña.

Si este fuera el caso, sucedería lo mismo que pasa con los matrimonios en los que una de las partes quiere separarse pero se lo impiden. El matrimonio está roto y su permanencia y la obligación de vivir bajo el mismo techo lo único que va a provocar es un mayor deterioro de la relación. Para casarse, es necesaria la aprobación de ambos contrayentes pero para la separación con que uno quiera, es suficiente.

Si se hace con acuerdo entre ambas partes, mejor. Se podrían regular, de manera civilizada, las consecuencias que se derivan de la separación. Un proceso duro, emocionalmente intenso, con tiras y aflojas pero cuyos resultados son más beneficiosos para el conjunto de la sociedad porque están basados en el mutuo acuerdo.

Es la sociedad catalana quien debe tener la oportunidad de decidir sobre la posibilidad de la independencia y si esta opción es suficientemente apoyada, el resto del estado español, aunque le duela, debe aceptar. Lo contrario es avivar el espantajo del ejército y el fanatismo de los ultras españoles, herederos del fascismo español.

El ejército, las fuerzas armadas, que hoy celebran la pascua militar, no pueden ser los garantes de la unidad porque esta solo la puede garantizar el pueblo. No estamos hablando de un ataque exterior sino de la posible decisión de unos ciudadanos, en el ejercicio libre de su derecho a decidir sobre la independencia del país en el que viven.

El 2014 será un año en el que se conjugará la amenaza de aplicar el artículo 8º de la constitución junto con los exabruptos y la agresividad de los ultras españoles, que servirán para distraer la atención de las políticas económicas y las medidas dirigidas a reducir derechos laborales y sociales del pueblo. El ruido creado alrededor de la consulta catalana formará parte del día a día que tendremos que soportar. 

Será el ruido de la mediocridad de la política española y del fracaso de la construcción democrática.

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