El Grupo Konecta y Amaya: cosas vs personas

Las empresas no tienen sentimientos ni sensibilidad personal y social. Son cosas creadas por las personas y las cosas son solo cosas. Por eso los cínicos dicen que las empresas no son ONG´s, porque se presupone que estás últimas están más humanizadas aunque algunas en la práctica funcionen como empresas. Y esto es normal cuando el interés primario es ganar dinero. Las personas son números que están en los expedientes y que tienen la característica común de ser prescindibles y sustituibles. Hace muchos años en una fábrica de motor de FASA Renault pregunté a un trabajador su nombre y me contestó el número que tenía asignado. “Esto es lo que somos para esta empresa“. Al entrar en contacto con cosas desprovistas de sensibilidad se corren riesgos y por ello los principios son fundamentales para resistirse ante la tendencia a confundirse con el entorno. Cuando se trabaja en cosas deshumanizadas se corre el riesgo de convertirse en una cosa con boca, brazos y piernas y esto es lo que le ha pasado a la coordinadora de la cosa-empresa Konecta que dijo a una trabajadora que no creo que sea posible, aunque ya eres mayorcita y conoces tus responsabilidades. Ese día no puedes faltar cuando esta le pidió cambiar el turno por un problema personal. Le iban a desahuciar ese día. El desahucio, como no es algo agradable, supuso que estuviera varios días más de baja. Las cosas pequeñas que hay dentro de la cosa más grande decidieron que, como el gobierno había aprobado una reforma laboral que hacía que los trabajadores fueran más prescindibles y sustituibles de lo que ya eran, esa trabajadora, que se llama Amaya, fuera despedida.

Este es el tipo de sociedad que se está construyendo. Una sociedad donde las personas y sus circunstancias no importan y donde son otras personas, convertidas en cosas, abducidas por ellas, las que llevan a cabo las directrices deshumanizadas propias de los monstruos-cosas-empresas que tienen el poder de condicionar las vidas de personas como Amaya. No solo se debe pedir la readmisión inmediata de esta trabajadora sino también reflexionar sobre el modelo de país y de sociedad en el que vivimos porque si no lo cambiamos nos convertiremos en cosas sin emociones ni sentimientos. 

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