Ante el fascismo no caben medias tintas

Hay una línea roja que cualquier fascista español no va a permitir que se sobrepase. La España una es algo más que una frase dentro de los gritos y canciones de la ultraderecha. Es un principio irrenunciable que se defenderá desde la violencia. En el estado español el fascismo, representado por las organizaciones de ultraderecha y falangistas, goza de una amplia permisividad. Algunos partidos no han tenido reparo en utilizar argumentaciones de la extrema derecha para defender posicionamientos sobre la inmigración o el derecho a decidir de los pueblos, ofreciendo una capa de legitimidad a ideas que atentan contra la convivencia y los valores democráticos. No solo hay una cercanía ideológica, simulada por una narrativa más digerible, sino también sirve para atraer votos. Sobre todo los de aquellos menos beligerantes y agresivos pero con ideas igual de intolerantes y destructivas para cualquier sociedad libre. El Partido Popular, por origen y naturaleza, ha sido el contenedor mayoritario pero sin olvidar a partidos como UPyD que con su ultranacionalismo español ha atraído las simpatías de no pocos falangistas. 

En los últimos meses se han podido ver varias fotografías de miembros de Nuevas Generaciones y del Partido Popular con parafernalia fascista, franquista y nazi. Nada nuevo. A nadie se le escapa que el franquismo pervive políticamente en la derecha, protegido y defendido por muchos de sus militantes, y por eso la exhibición de simbología fascista se solventa con la mera apertura de expedientes, hasta que escampe la tormenta. Son chiquilladas, asuntos menores, sin maldad alguna. Cada vez que se ha minimizado cualquier acción o agresión fascista se les ha dado oxígeno. Por lo que aquellos que ven esto como algo puntual y excepcional deberían valorar las consecuencias de estas posturas. Alguno de los dirigentes del Partido Popular opta por la ambigüedad condenando las acciones por aquello de la deseabilidad social, lo que saben que la sociedad les va a demandar, para posteriormente justificarlo y entenderlo. Esto es como criticar el comportamiento de un amigo, lo haces pero con la boca pequeña, comprendiéndolo y explicando cómo le han provocado, que en el caso del ataque a la librería catalana Blanquerna durante la celebración de la Diada se traduce en el argumentario popular de “la intolerancia creciente”.

Los posicionamientos de la extrema derecha se suelen imponer en el afrontamiento institucional de los gobiernos de la derecha ante los conflictos territoriales o de relación con otros países como el catalán o Euskal Herria. La frase hecha que dice que algunos viven mejor con ETA tiene una lamentable constatación en la realidad. Una normalización convivencial supondría un aumento de la posibilidad de la independencia, cosa que con ETA estaría controlada porque “jamás se harán concesiones al terrorismo”. Pero ¿qué pasa cuando es la sociedad la que la pide? Esta realidad es más cercana en una situación de normalidad y esta implica la ausencia de la violencia de ETA y, por supuesto, la del estado. Para los ultras la desaparición de ETA solo hace que radicalizarlos y el gobierno de la derecha, que no es ajeno a las presiones ultras, opta por la rigidez y el mirar hacia otro lado. La creciente opción independentista catalana es otra de las variables que ponen nerviosos a los ultras, que ven cada vez más cerca que alguien sobrepase la temida línea roja. La narrativa del gobierno de Rajoy y de los medios de comunicación más a la derecha genera un clima de agresividad e intolerancia que solo se puede catalogar como absolutamente irresponsable porque invita a los cachorros ultras a salir de sus cuevas.

Resulta especialmente dantesco que organizaciones herederas de la Falange Española de las JONS, responsable de la agresión, tortura y muerte de miles de personas, sigan siendo legales en el estado español. Resulta sorprendente que se haya sido tan permisivo con organizaciones con un ideario que bebe de los prejuicios, de la violencia y de la intolerancia. El Partido Popular, sé que se le piden peras al olmo, debería reflexionar sobre su responsabilidad a la hora de alimentar, proteger y justificar a los militantes del odio. El fascismo es una sombra cada vez más grande en esta Unión Europea que dice defender y practicar los valores democráticos. La amenaza a los mismos debe ser cortada de raíz, empezando por la educación en valores de convivencia democráticos y terminando con la prohibición de cualquier partido basado en la ideología del odio. No caben medias tintas. 


Estos son algunos de los fascistas que atacaron la librería Blanquerna en Madrid:

Íñigo Pérez de Herrasti Urquijo, nacido en 1957. Miembro de la Asamblea por la Unidad Nacional.
Pedro Chaparro Velacoracho (1987). Miembro de Democracia Nacional.
Victor Diego Villalba (1987), con antecedentes por hurto. Miembro de Alianza Nacional.
Santiago Cabezuela García (1989). Miembro de La Falange.
Javier Marcos Aroca (1978). Miembro de España 2000.
Paula Mijares Casado (1989). Miembro de Democracia Nacional.
Manuel Andrino Lobo. Miembro de La Falange.
José Pedro Cruz Sanz (Bunker). Miembro de La Falange.
Jesús Fernando Fernández Gil. Miembro de La Falange.
Juan Luis López García. Miembro de La Falange.
Sergio Reguilón Fumero. Miembro de La Falange.
José Alejandro García Sancho. Miembro de La Falange.


Un poco sobre la Plataforma España en Marcha, formada por La Falange, Nudo Patriota Español, Alianza Nacional, Movimiento Católico Español, Democracia Nacional, que pretende aglutinar a las organizaciones ultraderechistas españolas: 

El ataque neofascista pone en escena a la plataforma España en Marcha

El eje ultra al asalto de Europa.


Actualización 13/09/13:

En libertad con cargos los once ultraderechistas detenidos por el ataque a la sede cultural de Catalunya en Madrid.


Actualización 28/10/13:

Detenido el último ultra implicado en el asalto a la librería Blanquerna

Fernando Manuel M. J. (1991). FE-La Falange.
Alejandro L. T. R (1994). Alianza Nacional.

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