La libertad y la democracia del Partido Popular están llenas de muertos


Cuando la derecha española defiende la libertad o la democracia no me lo creo. Y no es una manía mía sino que los hechos contradicen que haya una relación directa entre democracia, libertad y la derecha española. De hecho, son antagónicos. En España la derecha ha utilizado la democracia para consolidar su poder y enriquecerse a su costa. La administración pública ha sido un lugar en el que hacer negocios. La libertad ha sido reivindicada para atentar contra los derechos de otras personas que, por su modo de vida o su pensamiento, no son de su agrado como los homosexuales, los nacionalistas o los independentistas. La libertad de religión consiste en imponer la católica por encima de cualquier otra confesión religiosa o la libertad de educación consiste en censurar la diferencia e imponer una visión monolítica del mundo. Si miramos a la relación del Partido Popular con personas y organizaciones internacionales también nos da la medida de lo que significa para ellos la democracia o la libertad. Los vínculos con la extrema derecha cubana del fallecido Mas Canosa, reaccionario e impulsor de ataques terroristas contra Cuba, son una muestra de su apuesta por la libertad y la democracia, entendidas a la manera de la derecha. La Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), creada por el reaccionario cubano, financió la campaña de José María Aznar en las elecciones de 1996 y de 2000 y la empresa MasTec, participada por la familia Mas Canosa, fue la que llevó a la ruina a Sintel, que se compró a Telefónica nada más ganar Aznar sus primeras elecciones. El Comité de empresa de Sintel denunció que la venta de la filial de Telefónica al empresario cubano Jorge Mas Canosa responde a intereses políticos y al intento de facilitarle una plataforma contra el régimen de Fidel Castro. Tampoco se puede olvidar el apoyo de dirigentes populares al exagente de la CIA y terrorista Luis Posada Carriles o a Carlos Alberto Montaner, que consiguieron financiación popular para la lucha anticastrista gracias a personajes como Aznar o Esperanza Aguirre. Esta última dio 149.000€ a la Asociación Iberoamericana por la Libertad, vinculada a Montaner, entre los años 2009 y 2010 a cargo de los presupuestos de la Comunidad de Madrid destinados a las ayudas a inmigrantes desfavorecidos. La relación del Partido popular con el radicalismo anticastrista cristalizó en 1996 con la constitución en Madrid de la Fundación Hispano Cubana. El gobierno español de Aznar también apoyó el golpe de estado del 2002 en Venezuela y el Partido Popular el sufrido en Honduras en 2009, que acabó con la salida del gobierno de Manuel Zelaya. Fraga, fundador de Alianza Popular, germen del PP, consideró que Pinochet cometió algunos excesos pero dejó a Chile mejor de lo que se lo encontró. Según la Comisión de Verdad y Reconciliación de Chile, los excesos a los que se refirió Fraga, fueron 2095 muertos y 1102 detenidos desaparecidos. En su informe final se describieron 3550 denuncias de violaciones a los derechos humanos. Desde el Partido Popular se han justificado los golpes de estado en el Chile de Allende y en la argentina de los 70. La Fundación Iberoamericana Europa Cipie (FIE-CIPIE) es otra de las organizaciones creadas por el Partido Popular para financiar actividades como mínimo irregulares en América Latina como la presunta relación con el intento de golpe de 2008 en la Bolivia de Evo Morales. Esta Fundación ha sido financiada con fondos públicos, gracias al gobierno de Esperanza Aguirre, y fue investigada por irregularidades en la gestión de ayudas en cooperación internacional y fraude financiero. También han apoyado a dirigentes como al colombiano Álvaro Uribe, durante cuyo mandato fueron asesinados miles de sindicalistas y campesinos, que está siendo investigado por la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. Además el Partido Popular y el gobierno de Aznar apoyaron sin fisuras e implicaron al Estado Español en la agresión al pueblo de Iraq y difundieron la mentira de las armas de destrucción masiva para justificar la participación ilegítima del ejército español, en connivencia con el gobierno norteamericano de Bush que legitimó y alentó el uso de la tortura y los crímenes de guerra en Iraq y en Afganistán. Las relaciones del PP con golpistas, dictaduras y genocidas son numerosas y darían para un buen libro. Su afinidad es coherente con la ausencia de condena de la dictadura franquista y las reticencias a considerar a Franco como un dictador y un golpista o a su régimen como cruento y criminal. Tampoco extraña, por tanto, que Ana Botella conceda la Llave de Oro de Madrid a Otto Pérez Molina, uno de los culpables del genocidio guatemalteco que provocó que  200.000 personas fueran torturadas, asesinadas o desaparecidas. Por eso cuando el Partido Popular habla de libertad y democracia no me lo creo. Porque más allá de las palabras, tan fáciles de pronunciar, están los hechos y estos dejan al PP en el lugar que le corresponde.

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