Es fácil comprobar que las personas que consideran útil al ejército español tienen algún tipo de relación con el mismo, profesional o familiar. Defensores acérrimos y convencidos de la necesidad de su actividad. El resto deberíamos preguntarnos, si no lo hemos hecho ya, para qué sirve el ejército. En mi caso no me ha aportado nada importante ni a la sociedad en la que vivo. Más bien me ha perjudicado. Me harté de solicitar prorrogas por estudios para no ir a la mili y cuando ya no pude hacerlo me declaré objetor de conciencia, sin valor suficiente para ser insumiso. Durante estos años no ha habido ninguna iniciativa desde el ejército que haya colaborado a crear una sociedad más justa, libre y solidaria y a pesar de ello ha recibido ingentes cantidades de dinero público a costa de la aportación económica a asuntos realmente importantes para la vida de las personas como la educación, la sanidad o lo servicios sociales, en los que el Estado Español ha invertido en las últimas décadas por debajo de la media europea. Cualquiera puede enumerar los beneficios que se producen al invertir en educación pero si se refiere a defensa la cosa se complica. Se podrá decir que nos defiende de ataques exteriores pero España no es un objetivo militar de ningún país ni su soberanía ha sido amenazada por fuerzas externas, y no en las últimos años sino en las últimas décadas. A no ser que se considere que el ridículo asunto del pedregoso islote de Perejil fuera una amenaza. La valoración objetiva de la amenaza real supondría una reducción de los presupuestos de defensa que los mandos y políticos proejército no permitirían. En una época como en la actual en la que la situación económica ahoga a miles de familias y las condena a la exclusión social o a vagar en los límites de la pobreza, la reducción del presupuesto militar sería una medida justa. Pero la justicia social no es un concepto de moda entre los políticos populares que han situado como ministro a una persona con intereses en la industria armamentística, a la cual ha dedicado gran parte de su vida laboral, como es Pedro Morenés. El ejército, al igual que la policía, es un instrumento del poder para mantener el status quo o restituirlo si llega el caso. La historia del Estado Español está repleta de ejemplos que vienen a demostrar esta afirmación.
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