Nuestro silencio también es cómplice: el estado etno-religioso de Israel

En la ficción de las democracias mundiales nos encontramos con la que denominan la única democracia, la única nación civilizada del medio oriente: Israel. Este es el relato que los gobiernos occidentales y los medios de comunicación generalistas transmiten sobre la realidad de este país. Una democracia amenazada por el terrorismo palestino. Todo esto es mentira. Israel no es un estado democrático sino un estado etno-religioso en el que se practica el apartheid contra la población palestina y se desarrollan políticas que buscan la pureza étnica. Un estado donde los palestinos se convierten en una amenaza para la seguridad. El resultado de las políticas y de la legislación israelí es que los palestinos son considerados ciudadanos de segunda categoría, en comparación con los privilegios que goza la ciudadanía judía, o viven bajo control militar sin ciudadanía o expulsados más allá de las fronteras israelíes, desposeídos de sus bienes y con la prohibición de retornar. Los abusos que ha sufrido la población palestina durante el siglo 20 y lo que llevamos del actual van desde la limpieza étnica del territorio palestino en 1948, su expulsión, la expropiación de sus tierras, la destrucción de sus ciudades y pueblos, hasta la intolerancia y la discriminación racial. Pero el esfuerzo del gobierno por expulsarles, atemorizarles y forzarles a huir no ha acabado todavía por lo que la presencia de palestinos israelíes queda como testimonio de la naturaleza antidemocrática del Estado de Israel. Esta es la democracia que nuestros gobiernos apoyan y defienden, conscientes de lo que ocurre y, de esta manera, provocando el mantenimiento y la irresolución del conflicto. Un conflicto que solo se puede solucionar desde la igualdad y la coexistencia pacífica y respetuosa que supere la supremacía étnico-religiosa y la segregación actual, desde la lucha por la dignidad, la justicia y los derechos básicos del pueblo palestino. Una coexistencia palestina-israelí en un territorio que no pueda ser partido sino compartido. Como dijo Edward Said, que la coexistencia, el compartir y la comunidad prevalezcan sobre el exclusivismo, la intransigencia y el rechazo. Habrá democracia si los palestinos son libres del control militar en los territorios ocupados. Si los ciudadanos palestinos de Israel consiguen la plena igualdad. Si los refugiados palestinos pueden retornar y tener el derecho a la reparación. Nada de esto ocurrirá mientras los gobiernos occidentales validen con su silencio las políticas contra la población palestina. 


Entrada basada en la lectura de Palestinians in Israel. Segregation, Discrimination and Democracy de Ben White.

Se recomienda leer los artículos de Gideon Levy: Apartheid sin vergüenza ni culpa y Meet the Israelis.

Para más información visita la página Mondoweiss y BDSmovement (Boycotts, divestment and sanctions/Boicot, Desinversiones y Sanciones).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s