Una reflexión sobre las críticas al sindicalismo y a los políticos

Se están instalando dos ideas que en mi opinión pueden ser manipuladas, y de hecho están siendo manipuladas, por grupos políticos o personas que defienden intereses de dudoso beneficio para un estado de derecho, entendido este por aquel que acuerda proteger y desarrollar los derechos fundamentales de las personas. La primera manipulación va dirigida a denostar a la clase política como tal, a partir de la desastrosa actuación de muchos de los políticos de este país la cual solo se entiende en un contexto de perversión de la acción política, liderada por la partitocracia de los dos grandes partidos mayoritarios del estado español. Es decir, el funcionamiento de los dos grandes partidos mayoritarios les convierte en una fábrica de falsos políticos, sin interés por el bien común. Las evidencias sobre la degeneración de muchos políticos lleva a un sector cada vez más amplio a denostar al político y de ahí a que se puedan proponer medidas como la reducción del número de políticos. Como si la cantidad tuviera algo que ver con la calidad. No es una cuestión de números sino de regeneración y transformación de la política, la reforma ineludible de los partidos, algunos de ellos ya irreformables (el Partido Popular y el Partido Español sin obrerismo ni socialismo), y la mejora de los mecanismos de control del estado y del ciudadano sobre la gestión de los políticos. Y, por supuesto, la recuperación de conceptos como el bien común y el servicio a la ciudadanía. Pero hay algunos grupos y personas que sí les interesa la crimininalización y denostación del político y se aprovechan del descontento general de la ciudadanía para atacarlo en sentido genérico. Algunos de ellos también son firmes defensores de la meritocracia, como Esperanza Aguirre, que en la práctica supone el acceso de la élite a través de la adecuación de las leyes que permitan el acceso a los méritos en función del grosor de la cartera. Resulta curioso que el medio que difunde un estudio sobre el número de políticos en España sea el Diario el Aguijón del ex tantas cosas César Román, un medio desconocido cuya mayor notoriedad pública ha sido la difusión de dicho estudio, gracias a la inestimable ayuda del escritor Pérez Reverte [conocer quiénes están detrás es un buen antídoto contra las demagogias]. Planteamientos similares no son ajenos a grupos falangistas o miembros locales y comunitarios del Partido Popular que ven esta corriente favorable a la reducción de políticos como la oportunidad de afianzar su poder en los territorios que gobiernan. La aplicación de estas medidas está sustentada también en una opinión pública, harta de la corrupción, la dedocracia, el nepotismo y la buena vida de una parte de los políticos, fundamentalmente de los dos grandes partidos mayoritarios, y, por lo tanto, sensible a cualquier medida que suponga el fin de estos agravios. ¡Qué mejor contexto para conseguir intereses bastardos!. 

La segunda manipulación va dirigida a denostar al sindicalismo. Como en relación con los políticos, la actuación sindical es merecedora de crítica y cambios profundos. No en vano ha sido cómplice acompañante de medidas contrarias a los derechos de los trabajadores y su inacción ha favorecido la implantación de leyes lesivas. La ausencia de autocrítica se evidencia en la permanencia de Toxo y Méndez como secretarios generales de Comisiones Obreras y de UGT, respectivamente. No se entiende que la oposición al gobierno esté liderada por aquellos que colaboraron en que estemos en la situación actual. La primera medida es su dimisión y el de toda la ejecutiva que les ha acompañado en los últimos años. De todas formas, en ausencia de alternativas como la creación de nuevos sindicatos progresistas, la criminalización del sindicalismo puede colocar a los trabajadores a los pies de los caballos en cuanto a las relaciones laborales con las empresas y las negociaciones de los convenios colectivos. Ya lo han estado haciendo los diferentes gobiernos del estado español, sería irresponsable que lo hicieran los propios trabajadores. La reflexión profunda que conduzca a cambios profundos en el funcionamiento y la acción sindical son ineludibles pero el sindicalismo como tal es actualmente imprescindible. Esta corriente contraria ha sido encabezada por falsos políticos como Esperanza Aguirre, que está en todas las partidas cuyo final sea la reducción o eliminación de los derechos fundamentales de los trabajadores. Se agarran al descontento de la ciudadanía para conseguir, de nuevo, intereses bastardos alejados del bien común.

No está de más que miremos a nuestro lado para ver quién nos acompaña cuando defendemos ciertas ideas en bruto porque en la superficie puede parecer que tengamos mucho en común pero, en el fondo, estar separados radicalmente por una idea de estado, de la democracia y de los derechos fundamentales de las personas. De esta manera, igual no nos llevamos un disgusto.

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