No podemos dejarles respirar

La derecha española es posiblemente la más antidemocrática, tramposa, desvergonzada y desdeñosa de toda Europa. El “que se jodan” de la hija de Carlos Fabra es uno de los ejemplos paradigmáticos de las entrañas de los políticos del Partido Popular, acompañado además por un gesto de desprecio y de superioridad. La desvergüenza y el desprecio se evidencia también en los aplausos de la bancada popular ante el anuncio de las medidas más destructivas contra el estado del medioestar y las personas. Medidas que además se presentaron incompletas y camufladas como bien se refleja en el BOE. Pero nada le importa a la derechona española. Da igual que mientan, insulten, tergiversen, oculten o se contradigan porque todo lo hacen desde su burbuja de cristal, protegidos por su entorno, ajenos a los efectos que las medidas provocan en la mayoría de los ciudadanos. Qué le puede importar a la condesa de Murillo y grande de España, Esperanza Aguirre, o a la hija del mayor delincuente de Castellón, Carlos Fabra, el cual no duda, en el colmo de la hipocresía, en ensalzar los valores éticos de su hija. Tienen que estar hechos de un material especial para manejar la hipocresía con tanta habilidad sin que les pase factura, sin remordimiento y con la sonrisa fingida. Saber que las medidas tienen efectos demoledores para el día a día de las personas y defenderlas o aplaudirlas, no lo hace cualquiera. Esto, de todas formas, tiene y tendrá sus consecuencias, como ha podido comprobar la delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, encargada de lanzar a los funcionarios de la policía en labores represivas contra los ciudadanos, acompañada hace unos días por las calles de Madrid por decenas de activistas al grito de dimisión, y algunos exabruptos, pero que se mostraron extremadamente civilizados en comparación con la violencia de la policía que está a sus ordenes. La contestación en la calle es inevitable y la indignación se extiende a otros sectores de la población que hasta hace unos días aún miraban las protestas desde sus cómodas ventanas. Bienvenidos, con todo, pero aún tienen que aprender que la razón por la que se está en la calle no es solo porque les toquen sus sueldos sino por la perversión y degradación del sistema. No son “sus sueldos” sino los desahucios, la progresiva reducción y eliminación de los servicios públicos, la educación y la sanidad, el desempleo, la corrupción generalizada en la justicia y la política y en las administraciones públicas, la partitocracia corrupta, el fraude de la crisis y la delincuencia de cuello blanco, la pobreza, la desigualdad social o la falta de justicia social. No diría #graciasfuncionarios [exceptuando a los profesores, profesionales de la sanidad pública y a los bomberos], sino #yaerahora y #másvaletardequenunca. Porque a este gobierno ramplón y cobarde del “España tiene, sobre todo, españoles” solo lo podemos combatir desde la unidad, desde la calle, desde la confrontación directa. No podemos dejarles respirar.

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