El terrorismo de los relatos

Desde que ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada se ha hablado mucho del relato, del cómo y quiénes van a narrar la historia del conflicto vasco. Todos sabemos que los que consiguen imponer un relato suelen ser los vencedores, confiriéndole una subjetividad que a veces roza en la tergiversación, la mentira o la ocultación de los hechos, de tal manera que el relato se convierte más bien en un cuento que en una descripción detallada de unos hechos. Lo deseable sería que en ese relato se incluyera todo lo ocurrido, todas las acciones cometidas por las partes y se prestara especial atención a los matices para no convertirlo en un panfleto maniqueo. De la misma manera que se critican y se aborrecen los atentados terroristas, hay que denunciar las violaciones y abusos de los derechos humanos ejercidos por el estado español y el reconocimiento del daño producido a todas las víctimas, sin excepción, así como la labor de todas las organizaciones que se han implicado en alcanzar la paz en Euskal Herria.  Sin esta parte del relato se estaría dando protagonismo al rencor y la venganza como autores de la narración. Durante décadas, en este país se nos instruyó sobre una historia de España que era falsa, inventada y manipulada por el fascismo que arrasó con la democracia de la 2ª República. Conocemos muy bien las consecuencias de esta manipulación. A pesar de ello no creo que el PP y el PSOE, cuyos gobiernos son responsables de las violaciones de derechos humanos, reconozcan sus errores y pidan disculpas a las víctimas. Siempre podrán justificar esas acciones por el bien del país. Dirán que hicieron lo que tenían que hacer y no se verán empujados a pedir perdón que, por otra parte, no dejarán de exigir a los miembros de ETA en un ejercicio habitual de hipocresía política. El relato estará viciado si aquellos que protagonizaron el terror y la violencia en este país se arrogan el derecho a narrarlo, se llamen ETA, Felipe González o José María Aznar. Este último, como presidente del gobierno, concedió a Melitón Manzanas la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo. Manzanas murió por un atentado de ETA en 1968, en una época donde el único terrorismo que existía era el del estado y su mano ejecutora era, entre otras, la del torturador Manzanas. Solo la perversión de la historia de este país puede llevar a considerar víctima del terrorismo a aquel que ejerció la tortura en nombre de un gobierno. Estas son las trampas de los relatos hechos por aquellos que se consideran ganadores aunque lo sean solo en odio, rencor y venganza. 

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