La xenofobia y el racismo no son exclusivos de la extrema derecha

Los atentados terroristas cometidos por la extrema derecha noruega, más allá del análisis de las ideas que están detrás de estos asesinatos, nos lleva a reflexionar sobre qué mensajes se está transmitiendo a la sociedad cuando se habla de la inmigración o del islam. La criminalización de determinados colectivos es habitual en los discursos de la derecha europea, no solo de la extrema derecha, sino de aquella que se denomina civilizada y democrática. 

En España, la lideresa del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, ha criminalizado a los inmigrantes una y otra vez, fortaleciendo los prejuicios ya existentes en una parte de la población española, haciendo afirmaciones como que “los inmigrantes han traído enfermedades ya erradicadas“. Las juventudes del PP catalán hicieron un video, llamado “Rescate Alicia Croft“, en el que la lideresa, subida en una gaviota,  podía eliminar a los inmigrantes que ellos llaman “ilegales”, para salvar a Cataluña. El alcalde de Tortosa, Pau Fernández, pidió que se realizasen controles sanitarios a los inmigrantes antes de empadronarlos. Estas declaraciones no son exclusivas de la derecha rancia del PP. La derecha catalana también ha actuado habitualmente de forma irresponsable como algunos miembros de Unió Democrática de Catalunya. El alcalde de Salt, Jaume Torramadé, abogó por las cuotas de inmigrantes en los municipios para evitar la “excesiva población” inmigrante de algunas localidades como la de Salt. En Valencia, Madrid, y otras ciudades españoles se han escuchado opiniones como estas de forma frecuente, aventadas por los medios de comunicación más sectarios.

Las propuestas del PP sobre inmigración descansan sobre dos cimientos: la regulación restrictiva de la residencia y las facilidades para su expulsión. Para transmitirlo a la sociedad utilizan palabras como desorden, irregularidad, caos o inseguridad que asientan y consolidan los prejuicios existentes sobre los inmigrantes, además de fomentar el enfrentamiento con lemas como “Primero los de casa“. Utilizan pseudoargumentos como que los inmigrantes saturan y utilizan masivamente los servicios públicos (lo cual es falso con números en la mano: es proporcionalmente la mitad del uso que hacen los “españoles”) obviando interesadamente el aporte económico que estas personas hacen a la seguridad social y, por tanto, a los servicios públicos y ocultando que los problemas en los servicios públicos vienen derivados de los continuos recortes de inversiones en las políticas públicas. A pesar de las evidencias, los afirmaciones que criminalizan a los inmigrantes calan en parte de la población y suponen suficientes votos como para que la derecha política ataque a los inmigrantes, sin importarles las consecuencias.

La criminalización que sufre el islam es constante. Los discursos de la derecha contra el islam fomentan su asociación a la violencia, el terrorismo, la intolerancia o la ignorancia. No estoy hablando de la extrema derecha, cuyas opiniones sobre la inmigración son más que conocidas. Estoy hablando de esos partidos de la derecha que son votados por millones de españoles. Partidos con responsabilidades de gobierno, con acceso a los medios de comunicación y con capacidad para extender opiniones, independientemente de la peligrosidad que  conlleven. Los prejuicios dictan políticas como retirar el derecho a los rumanos a trabajar libremente en un país de la Unión Europea como España, a pesar de ser ciudadanos europeos de pleno derecho. Los prejuicios alientan ataques contra la población inmigrante, contra la población musulmana o contra la población gitana. Se protesta contra la construcción de mezquitas, se manifiestan los vecinos por la presencia de una familia gitana en el vecindario o se expulsa a familias gitanas rumanas de países como la Francia del admirado Sarkozy. Somos consumidores de odio y discriminación y muchos de nosotros damos la gasolina necesaria a estos partidos para que sigan incendiando la convivencia. Estos mensajes de odio fomentan los ataques racistas y xenófobos que se dan en toda Europa, incluida España. Somos responsables en la medida en que apoyemos a partidos que dividan a la sociedad en ciudadanos de primera y de segunda categoría. No lo olvidemos.

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