Aquello que nos dijeron

Por Gabalaui

Ya nada es como antes o ¿todo sigue igual? Aquella burbuja que unos construyeron y que todos alimentamos se había convertido en una nueva forma de esclavismo. La disposición de una economía para afrontar la compra de cualquier producto había dejado de ser una condición necesaria ya que podíamos acceder a créditos e hipotecas de forma indiscriminada. Cualquiera podía comprar un piso y de esta posibilidad se encargaron los bancos, inmobiliarias, políticos y gobiernos de cantar a los cuatro vientos como atractivas sirenas. Pocos se resistieron a sus encantos. Salarios mínimos e hipotecas de por vida que se encarecián año trás año. Los alquileres suponían al menos la mitad de los salarios y muchos jóvenes sólo podían plantearse la independencia compartiendo piso con amigos o desconocidos. La crisis era un concepto familiar porque se vivía en sus axfisiantes entrañas.

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