El argumentario de los cínicos

Todo vale. Tenemos unos intereses, una meta y todo lo que hagamos para conseguirlo es válido. Si nos critican, no pasa nada, para eso tenemos el lenguaje. Lo desmontamos, lo damos la vuelta, lo corrompemos y es suficiente para tranquilizar a los millones de convencidos que están esperando a que les fabriquemos unas mínimas explicaciones que puedan utilizar contra esos locos que se atreven a decir que matar a 10 personas, es un asesinato y que si esto lo hace sistemáticamente un estado, es un estado terrorista. Somos capaces de decir que unos soldados, pertenecientes a uno de los ejércitos más modernos del mundo, se tienen que defender de un grupo de activistas de los derechos humanos disparando a matar. El lenguaje, después de haberlos matado, nos permitirá decir que eran unos sujetos peligrosos, con intenciones aviesas, lejos del buenismo de esos pacifistas de mierda, armados hasta los dientes y dispuestos a no dejar títere con cabeza en el momento en que asome algo parecido a un israelí. Si es necesario decir que son unos despreciables terroristas asociados a Al Qaeda o a esos asesinos de Hamas que ocupan, con la connivencia de los palestinos, la franja de Gaza, lo haremos. De hecho, hablar de Hamas siempre nos viene bien cuando nos acusan de terroristas. Nosotros nos defendemos de sus ataques al igual que los colonos israelíes, que se asientan en tierras palestinas, se defienden de los naturales habitantes del lugar. Si algunas personas se atreven a criticar lo que hacemos podemos optar por el descrédito llamándole nazi o antisemita. Por lo demás, no hay problema con los organismos internacionales y gobiernos occidentales. Nuestra labor diplomática será intensa y, como mucho, las huestes pseudodemocráticas sólo conseguiran condenar las muertes ante las cuales nosotros nos apresuraremos a sentir dolor y tristeza. Aunque no lo pudimos evitar dada la violencia atroz con la que nos agredieron. En muchos lugares del mundo se quejarán agriamente pero está todo controlado. Son simples quejas, que no llevan a nada. Además muchas de ellas permiten situar al agresor y al agredido en el mismo plano, lo cual nos viene de perlas. Sólo hay que utilizar la palabra mágica. Siempre habrá alguno que diga ¿Y los de Hamas, qué? ¿Y el gobierno palestino? ¿No son igual de terroristas? Claro que sí. Nosotros sólo somos un país, bendecido por nuestro Dios y por EE.UU, que quiere defenderse de esos terroristas y completar el mandato divino. Pese a quien pese.

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