A la contra

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Las protestas que protagonizan sectores de la derecha [extrema] (1) en el estado español se deben situar en el contexto de una multiplicidad de acciones de la derecha en el mundo, con similitudes en la metodología y con la especificidad propia de cada país. No podemos obviar que el auge de la derecha [extrema] española está relacionado con el crecimiento de la derecha autoritaria e involutiva en el mundo, con sus representaciones más reaccionarias en Filipinas, Brasil, Estados Unidos o Hungría. No es un fenómeno exclusivo del estado español. Estas ramificaciones de un mismo fenómeno se retroalimentan y se refuerzan, aprendiendo y copiando tácticas, y exportando posicionamientos ideológicos ante temas candentes como el feminismo, el cambio climático o el igualitarismo. Todo ello aderezado por ese espíritu anticomunista que es la gasolina de la visión paranoica de la realidad social y política de cada país. La derecha [extrema] española enmarca al actual gobierno de coalición en el socialcomunismo, lo cual espolea emocionalmente a miles de españoles que aprendieron acríticamente que el comunismo es el enemigo. No importa que sea mentira. Esta manipulación es consciente y liderada por los dirigentes de los principales partidos de la derecha. Saben qué botón apretar para soliviantar los ánimos.

No tenemos una visión objetiva y racional de la realidad política y social. Las emociones juegan un papel fundamental. Esta particularidad no se les escapa a los asesores y políticos, que pueden despertar emociones positivas a partir de un discurso político basado, por ejemplo, en aspectos como la solidaridad, la cooperación o la igualdad, escogiendo las palabras, utilizando metáforas que coloquen a las personas que las escuchan en la disposición de actuar de forma solidaria, cooperativa o igualitaria. Muchos discursos han pasado a la historia por conseguir hacer creer a miles de personas que otro mundo es posible, otra realidad, diferente a la opresiva y discriminatoria realidad que vivían, era posible. Esos discursos marcaron las opciones vitales y políticas de muchas de esas personas. Pero también pueden despertar emociones negativas que estimulen la rabia, la agresividad, el rechazo del diferente o el fanatismo y la rigidez ideológica. También existen discursos que espolearon al enfrentamiento, a conductas discriminatorias, a guerras y asesinatos. Estos discursos, a su vez, condujeron y conducen a muchas personas a una espiral de odio de la que es difícil salir. La derecha [extrema] ha optado frecuentemente por el discurso contra algo, en oposición a algo que se debería eliminar. Son discursos dirigidos a destruir, para conseguir el mantenimiento de privilegios de clase, étnicos o de raza o en función del sexo.

Si nos centramos en el escenario español, la derecha [extrema] ha construido los discursos en oposición a derechos conseguidos o aspirados. Estos discursos se han traducido en argumentarios contra el feminismo o la igualdad y han defendido planteamientos discriminatorios, represivos y autoritarios. Evidentemente esto está relacionado con un armazón ideológico, construido durante décadas, en el que se delimitaron claramente las líneas que distinguían a los iguales de los enemigos. Ver el mundo de forma maniquea conduce a pensamientos rígidos, autoritarios y discriminatorios. Esos discursos están construidos para activar ideas clave asimiladas socialmente. Ideas clave asociadas en gran parte a prejuicios. Esto explica la virulencia ante la posibilidad de que un territorio se independice o que dos personas del mismo sexo se casen. La derecha [extrema] ha salido a la calle contra la ley del aborto, para defender que los presos de ETA no obtengan beneficios penitenciarios, para pedir la cadena perpetua, para negar el derecho a la independencia de los territorios, contra la ley de violencia de género, contra el matrimonio homosexual o contra gobiernos etiquetados como socialcomunistas. Si se habla de justicia distributiva y se defiende el derecho a una vivienda digna, ven amenazados privilegios, que alguno de ellos ni siquiera disfrutan.

Este ir a la contra sirve también para la construcción de una imagen que gravita en torno a conceptos como la resistencia y lo políticamente incorrecto, lo cual pueden ser elementos muy atractivos para mucha gente joven que se encuentran en un momento evolutivo muy marcado por ese ir a la contra, normalmente de los padres y de lo que la sociedad les dice que tienen que hacer. Es decir, la actual derecha, consciente del envejecimiento de muchos de sus apoyos, está intentando modificar una imagen tradicionalista y rancia en una imagen moderna, rebelde y contestataria. Ahora son los que dicen lo que los demás no se atreven, los que se enfrentan al poder [de los medios de comunicación de izquierdas, del gobierno socialcomunista, la dictadura de la ideología de género] y los que desafían a la autoridad. En realidad es un castillo construido en el aire. No existe un gobierno socialcomunista, las corporaciones que controlan los medios de comunicación están cercanas a los intereses de las élites -conservadoras y de derechas- y la igualdad es todavía una aspiración. Ante la imagen rebelde se confronta otra más ajustada a la realidad, y que tiene forma de marioneta. La actual derecha contestataria baila al son de las redes sociales, servicios de mensajería, medios de comunicación, que blanquean los mensajes, y partidos políticos afines. Estos aprietan el botón y la marioneta agita los brazos.

(1) Utilizo esta forma Derecha [extrema] porque muchos de los aspectos que comento no se refieren exclusivamente a la extrema derecha sino que forman parte del magma ideológico de gran parte de la derecha, exacerbado en las formas por la extrema derecha. Es decir, es una diferencia formal y no ideológica.

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