Una epidemia que asusta

Foto de @gabalaui.
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Me acabó de despertar. Cojo el móvil, abro el navegador y empiezo a leer las noticias del día. El coronavirus está en todas partes. Entro en la página de El País y ni rastro. Pienso, ingenuamente, que no es posible. Ni una sola noticia sobre el mayor atentado a los derechos humanos en las fronteras y territorio europeo. Durante esta semana, lo que es una violación constante de derechos fundamentales, sufrió un pico de intensidad con las agresiones en frontera de policías griegos y la indiferencia de los policías turcos, a los cuales nada les importa la vida de las miles de personas que buscan refugio de las guerras, provocadas y mantenidas por los mismos países en los que aspiran ser acogidos. Qué ironía. Buscamos protección en aquellos que nos agreden. Este es uno de los efectos más paradójicos de la violencia sistémica.

Los medios de comunicación presentan la información como un enfrentamiento entre dos partes. Los policías, que defienden las fronteras europeas, y los refugiados, que intentan asaltarlas. Esta mirada sobre lo que en realidad es una catástrofe humanitaria provoca que las soluciones se centren en mandar más policías, como ha decidido el gobierno de coalición español. La Unión Europea aborda esta realidad como una cuestión policial y de seguridad. Exclusivamente. Los principios y valores de los que presume la Unión quedan en papel mojado, como suele ser habitual, cuando se tienen que enfrentar a realidades que los ponen a prueba. Países como Turquía son plenamente conscientes de esto y utilizan el control del flujo de personas refugiadas e inmigrantes para presionar en función de sus intereses.

Esta contradicción entre los valores europeos y las acciones de la Unión estimula el crecimiento de los partidos y organizaciones fascistas que mantienen un discurso más coherente, lo cual para muchas personas es un indicador de credibilidad. La extrema derecha no duda en considerar que es una invasión y que hay que defenderse de los invasores. El eurodiputado fascista, Jorge Buxadé, dijo que las imágenes de la policía griega defendiendo sus fronteras son hermosas. La idea de “defender lo nuestro” es especialmente poderosa en épocas de inestabilidad y descreimiento, como la que vivimos, ya que proporciona seguridad y estabilidad, aunque sea ficticia. Los fascistas se aprovechan, de esta manera, de los discursos incoherentes, hipócritas y tramposos de las instituciones europeas y de los gobiernos de los países que componen la Unión.

Los medios se acercan a las crisis humanitarias con una mezcla de sensacionalismo y miedo. El miedo se traduce en los relatos de confrontación entre partes y de invasión. El corolario es la necesidad de defendernos ante el amenazante extranjero. Este miedo está detrás de la mayor parte de los textos que se escriben sobre la catástrofe humanitaria de los refugiados e inmigrantes. En los medios de la derecha es más evidente ya que conjuga con un ideario. Se disimula más en los medios considerados progresistas, donde se mezclan los mensajes. Por un lado nos enternecen con relatos muy humanos, centrados en tristes y duras historias de los protagonistas, y, por otro lado, nos hablan de los problemas de seguridad, la tensión y el caos. Esto último es lo que nos llega porque nos conecta con una emoción muy potente como es el miedo. De esta forma no se pone el acento en la necesidad ética y moral de ayudar a estas personas sino en la necesidad de defendernos de ellas.

En el territorio europeo existen campos de concentración. No se han creado esta semana. El más conocido es el de Moria, en la isla griega de Lesbos, donde se hacinan más de 15.000 personas. Se permite que miles de refugiados permanezcan en Turquía en condiciones deplorables, esperando la oportunidad de llegar a una zona segura, y a expensas de las arbitrariedades turcas y europeas. Y todavía hay personas que se preguntan cómo pudo ocurrir el holocausto judío y gitano. Esta realidad no puede ventilarse con un par de noticias y de reportajes. No puede ser noticia dos días, y desparecer al tercero. Lo trágico es que este funcionamiento de la prensa tiene su espejo en la mayor parte de la población europea, más preocupada por el coronavirus que por que se viole, se agreda y se maltrate a diario a familias, adultos, niños y niñas. La deshumanización viene a convertirse en uno de los principales valores europeos. Esta sí que es una epidemia que asusta.

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