Parte de la solución

Parte del problema. Foto de @gabalaui
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Hace unos días el periodista Antonio Maestre escribió un artículo titulado Otegi es mejor que Abascal. Probablemente la elección del adjetivo mejor no fue el más acertado porque nos enreda en aspectos morales que las tropas de la derecha mediática y política han pretendido aprovechar: cómo se puede comparar a una persona que fue amenazada por ETA con un antiguo miembro de esta organización. La simpleza en el análisis sobre la violencia en Euskal Herria es una característica de las opiniones sobre este tema. El todo es ETA y la acusación de terrorista o de desprecio a las víctimas de los atentados cuando se defienden planteamientos como el acercamiento de los presos, basado en principios de justicia y derechos humanos, es una práctica habitual de la derecha reaccionaria. Se opta por la venganza frente a la justicia. Se elige el enfrentamiento al diálogo.

Nunca ha sido fácil hablar de esto. Las críticas a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), especialmente durante la presidencia de Francisco José Alcaraz, volvían envueltas en acusaciones de falta de respeto al dolor de las víctimas, aunque lo que se estuviera criticando es el descarado sesgo ideológico y los posicionamientos políticos de los dirigentes de la asociación. No tenía que ver con el dolor y el sufrimiento de las víctimas sino con el uso bastardo de estos sentimientos en base a un ideario reaccionario y la aproximación a posiciones ideológicas propias de la extrema derecha. No en vano Alcaraz es hoy diputado en el congreso representando a VOX. Esta interesada amalgama entre el dolor y una ideología retrógrada permitió que determinadas tesis fueran aceptadas por la opinión pública, sin apenas crítica porque lo contrario era ir contra las víctimas. Esta manipulación fue alentada por políticos conservadores, tanto de la derecha como de la izquierda, y, por supuesto, por los medios generalistas.

No sé si Arnaldo Otegi es mejor que Santiago Abascal, ni me interesa el debate, pero lo que tengo claro es que Otegi formó parte de la solución y las posiciones políticas de Abascal y otros formaron y forman parte del problema. La aportación de Otegi y de otros miembros de la izquierda abertzale, así como de los movimientos sociales y de la sociedad vasca es incuestionable. Abascal se situó y se sitúa al lado de la confrontación y Otegi fue uno de los que ayudaron a construir espacios de diálogo que promovieron el abandono de la violencia y la apuesta por la política. Las críticas a una de las figuras fundamentales en el fin de la violencia se enmarcan dentro de la estrategia de erosión y descrédito de un posible pacto de gobierno, entre el PSOE y Unidas Podemos, demonizado por las derechas populistas. Esta manipulación constante exige reivindicar sin tapujos a personas como Arnaldo Otegi, que es una forma de reivindicar a las personas que apostaron por el diálogo y la política. [En este sentido Antonio Maestre es valiente por escribir en contra de la tendencia mayoritaria, de las manipulaciones y del falseamiento que predominan en el acercamiento mediático a esta cuestión. Al igual que el reconocimiento que hizo el expresidente Zapatero al catalogarle como un político decisivo].

Los partidos y los medios tienen una responsabilidad directa en la aproximación maniquea a las cuestiones políticas, económicas y sociales. Crean bandos, que hay que elegir, y definen moralmente la elección. En la cuestión vasca la defensa de los derechos humanos en relación a las denuncias no investigadas de tortura en la comisarías y cuarteles o el acercamiento de presos era [es] propio de terroristas. Mientras, las posiciones más rígidas y extremas, ante la posibilidad de dialogar o desenredar una situación, formaban parte del respeto a las víctimas y el rechazo a los violentos. Esta inversión moral fue muy efectiva. Así no pocas personas defendían posiciones contrarias a los derechos humanos, sin ser conscientes de las implicaciones prácticas de esos planteamientos. Los medios alentaban la venganza, gran parte de la población compraba venganza. Los políticos convirtieron el diálogo en una debilidad. Hoy muchos piensan que hablar es rendirse.

Ser parte de la solución no está de moda en la España nacionalista y conservadora. Se prefiere el modelo del padre autoritario, el golpe en la mesa, los tanques en la calle, el grito desmesurado y escupir a los pies del enemigo. El contrario está para humillarlo. Santiago Abascal aprendió a odiar y ese odio lo transformó en partido. No hay posibilidad de reparación ante sentimientos tan negativos e intensos. No hay posibilidad de diálogo ni de acuerdos. El odio aprendido sirve para movilizar a una parte de la sociedad, que ha asimilado que sentarse enfrente del otro y hacer algo con aquello que nos separa es un ejercicio de cobardía. Así se construye el conflicto. Así se forma parte del problema.

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