Una mujer en silla de ruedas

Foto de @gabalaui.
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Le pregunté si se había enterado de la acción de la mujer, inmigrante y víctima de violencia de género, contra Ortega Smith. Me contestó que sí pero que no era víctima de género. Repliqué que con la actual ley no se la consideraba como tal pero que recibió tres tiros por parte de la pareja maltratadora de su hermana. Me miró fijamente y respondió, convencida, que fue por un ajuste de cuentas. Eran narcotraficantes. Quien defiende esto es mujer y no es votante de extrema derecha. Otras dos mujeres mayores criticaban la acción de Nadia Otmani como si fuera un ataque a la libertad de expresión. Ortega Smith no era un machista sino un hombre asaltado por una mujer muy agresiva. Un pobre hombre que solo estaba expresando su opinión.

Las palabras no son inocentes y la forma en que se utilizan, resignificando los hechos, está detrás del auge de grupos de extrema derecha y de actos de violencia. Desenterrar a los muertos de la guerra civil y entregar sus cuerpos a sus familias o el homenaje a las víctimas de la dictadura fascista son resignificados como actos de venganza. De esta manera, el Ayuntamiento de Madrid retiró la placa que homenajeaba a fusilados republicanos durante 1939 y 1944 en el Cementerio de La Almudena para evitar nuevos agravios. El alcalde Martínez Almeida se refirió a este homenaje como un acto sectario y de revancha. La paradoja es que su decisión se ajusta como un guante a una mano al concepto de sectarismo y revanchismo.

Por otro lado, la lucha contra el asesinato de mujeres por violencia machista se convierte en una guerra de sexos. El 25 de octubre un hombre irrumpió con una navaja en la manifestación en Granada por el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Fue detenido y no hubo heridas. Un hombre, una navaja y cientos de mujeres en lucha contra la violencia machista. Es inevitable vincular está acción a la beligerancia comunicativa de los partidos de extrema derecha. La declaración de guerra permite reclutar a soldados dispuestos a luchar contra el enemigo. Un enemigo construido a la sazón. Las feminazis. Este delirio les lleva a dignificar sus posiciones con elevadas palabras como libertad e igualdad. El 28 de noviembre se debatió en el Ayuntamiento de Santander una moción de VOX para convocar un minuto de silencio cuando la víctima de violencia sea un hombre. Esta es su idea de igualdad. Una distorsión perturbada.

Hace unas semanas un menor de 17 años fue asaltado y golpeado por al menos dos personas en Zaragoza. Otros dos menores de edad fueron golpeados con remos en una parada de bus en Madrid. Una persona entró con un machete en un centro de tutela de menores en Canet de Mar. 25 personas entraron en otro centro en Castelldefels y agredieron a educadores y a menores. Todos estos menores tienen en común que son extranjeros y que llegaron solos al país. Medios ultraderechistas como OK Diario y Periodista Digital han publicado noticias con títulos como Los MENAS toman Barcelona navaja en mano convirtiendo la ciudad en un polvorín de inseguridad o Los MENAS hacen su agosto en Barcelona saqueando tiendas entre el caos separatista. El contexto de agresión a menores de edad se ha construido en colaboración con determinados medios de comunicación, la acción política de partidos de extrema derecha y la bendición de sus condiscípulos de la derecha. Inseguridad, violencia y delincuencia son las palabras escogidas.

Dime qué palabras utilizas para describir las cosas que pasan y te diré quién eres. Los conservadores españoles, situados en el centro y la derecha política y en algunos sectores de la izquierda autoritaria, no han hecho ascos a denominar golpe de estado a la desobediencia en Catalunya. Ni siquiera el Tribunal Supremo se ha atrevido a utilizar una calificación que no se ajusta a los hechos. Aún así los periodistas a sueldo siguen utilizando los medios, a los que son invitados, como plataformas de difusión de una mentira, que sirve para mantener en alerta a las miles de personas que se tragaron el anzuelo. El inexistente golpe de estado ha servido para que ideas y posicionamientos políticos marginales se hayan situado en la primera línea de debate. De repente a las que defendemos el diálogo y el derecho a decidir nos convirtieron en golpistas y los falsarios se convirtieron en demócratas y defensores de la constitución. La libertad y la igualdad volvieron a utilizarse como armamento militar para desintegrar cualquier atisbo de libertad e igualdad.

Lo peligroso es que los bulos y las mentiras construidas ex profeso son asimiladas acríticamente por una buena parte de la población, sin que se pueda definir a todos los inocentes como extrema derecha o radicales peligrosos. Son personas normales que consumen información. Algunas de forma irreflexiva. Otras no tienen tiempo para contrastar las noticias con que se les bombardea constantemente. Varias escogen lo que encaja en sus marcos de interpretación de la realidad. Muchas han sido formadas en un sistema con una serie de creencias erróneas que no han podido deconstruir y que les convierte en víctimas propicias de la desinformación y la manipulación. A veces estamos dispuestas a creer que los burros vuelan. Y de esto se aprovechan. Por eso necesitamos a personas como Nadia Otmani. Una imagen vale más que mil palabras. La imagen de una mujer en silla de ruedas exigiendo, en la cara de un fascista, respeto para las muertas y las víctimas de la violencia de género. Una forma más de desactivar los embustes y falsedades de los reaccionarios.

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