Hechos vs palabras


La categoría y la naturaleza de una entidad o de una persona se aprecian por los hechos y no por las palabras. La Unión Europea está hecha de palabras que los hechos se encargan de desmentir en numerosas ocasiones. Palabras que se vuelven a utilizar para explicar y justificar los hechos que las contradijeron. Esta Europa se ha construido sobre la base del libre mercado y no de los derechos humanos. Los hechos dan presencia al libre mercado y a las consecuencias que se derivan de su aplicación y refuerzan los tratados y los acuerdos de los dirigentes de los países europeos. Los derechos humanos forman parte de la retórica y su protección se exhibe de forma orgullosa pero los hechos, ay los hechos, se empeñan en recordarnos que no son tan importantes. Y las palabras, entonces, sirven para negar y parecer que no niegan, para decir uno y su contrario, para seguir alimentando un mito que hace referencia a una Europa social que ni importa ni interesa. Han amparado y participado en guerras que han arrasado económica y socialmente otros países, han mirado hacia otro lado ante los miles y miles de muertos civiles asesinados impunemente por aquellos que un día fueron aliados y hoy son máquinas de matar desatadas y han apoyado a países que discriminan, torturan y asesinan a su pueblo o que agreden a otros. Hablamos de las realidades de Libia, Iraq, Siria, Ucrania, Afganistán, Israel, Turquía, Palestina, Yemen o Arabia Saudí. No les importa darse la mano para sellar acuerdos de millones de euros con países que oprimen y maltratan a su pueblo. La tragedia de los refugiados es un capítulo más del libro de horrores de la Unión Europea y de los dirigentes europeos. Un capítulo lleno de desprecio, falta de humanidad y cinismo. Su acuerdo con Turquía, que bombardea a los kurdos y contemporiza con el ISIS, es un paso más en un camino de despropósitos que nos cubre de ignominia a todos, incluidas las plácidas y domesticadas sociedades europeas. La sociedad civil debe salir a la calle a decir a los cobardes que han elegido que no quieren esa Europa que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, define claramente en su advertencia a los refugiados: No vengáis a Europa. La inacción es complicidad. Debemos salir a la calle o asumir que esta es la Unión que hemos construido, que en las situaciones sensibles con los derechos humanos actuará con cinismo y desprecio por las vidas de las personas. Tendremos que compartir la responsabilidad con aquellos a los que hemos delegado la acción de gobierno y la toma de decisiones, aquellos a los que sostenemos con los votos. Seguir viviendo la esquizofrenia de la emoción por la tragedia televisada y la pasividad ante las violaciones de derechos humanos que se cometen con nuestro conocimiento. Esto o vernos en las calles para plantarles cara.

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