La derecha


No conozco a una derecha civilizada. Conozco a una derecha que se ha puesto siempre del lado de los que intentan limitar los derechos fundamentales. Apenas salen a la calle pero cuando lo hacen es para limitar los derechos personales o colectivos. Si se habla de la dictadura fascista española miran de perfil o directamente glorifican algunos aspectos o su totalidad. Les encantan los juzgados para meter miedo, para acallar las voces que les disgustan, para meter en vereda a los que disienten, para imponer su mirada patológica del mundo. Les da seguridad ver el mundo dividido en blanco y negro, en malo y bueno, en víctima y victimario. No les importa levantar muros para separarse de aquello que les da miedo y que con su estilo de vida y su forma de estar en el mundo construyen y alimentan. Su miedo edifica prisiones. Su miedo convierte en cárceles la vida de los otros. 

Son los que no dudan en que unas palabras sean motivo para intentar arruinar la vida de quien las pronuncia. Son los que no dudan en aplicar la fuerza de su ley contra aquellos que se rebelan por las cadenas filosóficas, psicológicas y sociales que les imponen. Son los que solo miran hacia dentro, los que solo entienden de salvaguardar lo que creen que les pertenece, los que defienden sus exclusivos privilegios, los que no ven más allá de los muros que les rodean. Son los que retuercen las palabras para hacer que signifiquen lo que les interesa que signifiquen. Saben que lo que dicen, si se lleva a la práctica, implica una condena en la vida de los que consideran no iguales pero no les importa porque guarda una lógica con su visión del mundo. Son los que gobiernan y dirigen la mayor parte de los países del planeta, los que dirigen con puño de hierro, los que toman decisiones por el bien de la minoría.

La derecha, esa forma de entender las sociedades y las relaciones entre personas como campos de batalla, está lejos de ser civilizada y aún así recibe el apoyo de millones de personas. La historia posdictadura de la derecha española está escrita de corrupción, de apoyo a guerras injustas, ilegítimas e ilegales, de apoyo a dictaduras -nacionales e internacionales-, de apropiación de la riqueza de todos, de la acumulación de privilegios y del ahondamiento de las desigualdades sociales. Han sido tan hábiles que esto a oídos de la mayor parte de la gente se consideraría una exageración. No faltarán los que se apresuren en señalar esto y aquello como ejemplos del buen hacer de los políticos de la derecha ideológica. Los han domesticado tan bien que robar es solo una cuestión coyuntural y, en ningún caso, extrapolable a la acción política propia de aquel que solo actúa en función de sus propios intereses y los de su clase.

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