Si nada ha cambiado todo sigue igual

Si miramos a las instituciones europeas nada ha cambiado a pesar de la crisis económica y financiera. Si miramos a las españolas un tanto de lo mismo. Las instituciones bancarias pues…ahí están. Y las financieras pues también. Son las mismas instituciones que generaron, apoyaron y mantuvieron el contexto económico que dio lugar al estallido de la crisis económica y financiera.

Los gobiernos europeos dijeron que se ponían manos a la obra para que las causas de esta nueva crisis no volvieran a presentarse. Hasta Sarkozy dijo que el capitalismo se había vuelto loco por no someterse a ninguna regla. Alguno hasta pensó que algo iban a hacer. Las cosas no podían seguir como hasta ahora porque hasta los más ricos estaban dejando de ganar dinero.

Nada de esto ocurrió y aunque hubieran hecho algo en esa dirección ¿alguien se imagina a Sarkozy cambiando el capitalismo? ¿Qué clase de monstruo hubiera creado? No, esto no iba a ocurrir. Las recetas ya eran conocidas: reducción de derechos de la clase trabajadora, desmantelamiento de los servicios públicos y afianzamiento de los privilegios y del sistema que reporta beneficios a la élite económica.

Los gobiernos empezaron a hablar de la austeridad, del sacrificio y de estrecharse el cinturón. El mismo mensaje dicho de diferentes maneras y repetido hasta la saciedad. Las políticas de austeridad invadieron cada uno de los rincones de nuestras vidas sin que las instituciones nacionales e internacionales que provocaron la crisis se cuestionaran ni modificaran con el objetivo de evitar de nuevo la catástrofe económica que se estaba sufriendo. Ni por supuesto se cuestionó a sus responsables. La mayoría de ellos en puestos de responsabilidad y decisorios.

Años después esto es lo que tenemos: los más ricos han vuelto a obtener beneficios, la banca ha obtenido la ayuda necesaria para seguir con sus negocios poco transparentes, se ha afianzado el poder de instituciones irresponsables como el FMI o el Banco Central Europeo, algunos participantes en el saqueo han obtenido premios en ministerios y otros puestos relevantes, como el lehmanbrodista De Guindos, se ha favorecido la presencia en los gobiernos europeos de hombres de negocio y representantes de la ideología que está detrás del desastre económico, que siguen obteniendo pingües beneficios por los acuerdos que consiguen cerrar gracias a sus puestos públicos, se ha acelerado el proceso de desmantelamiento de los servicios públicos y la reducción de los derechos de la clase trabajadora y se han aumentado los beneficios de las empresas que crecen a la sombra de las crisis.

Y más cosas que seguramente me dejo en el tintero.

Lo que no han hecho es modificar ninguna de las causas que llevaron a la crisis financiera y económica, probablemente porque hacerlo implicaría cuestionar la esencia misma del capitalismo y buscar soluciones más allá de sus lógicas.

En este contexto de depresión profunda, el gobierno español vende la recuperación y el crecimiento. Nada ha cambiado. Ni lo ya comentado ni las maneras del Partido Popular. El cuento de la lechera, que no por esperado resulta menos indignante, es creído por cada vez menos personas pero las suficientes para darle credibilidad. Es más, muchos creyentes populares estaban esperando en secreto el anuncio publicitario de que su partido había arreglado de nuevo España. Nos había rescatado de la inoperancia de los socialistas.

No deja de sorprender cómo las viejas fórmulas de comunicación-manipulación política son tan efectivas a pesar de ser bien conocidas y repetidas sistemáticamente. El pistoletazo de salida ante las próximas elecciones municipales de 2015 lo marcan las declaraciones entusiastas de los correveidiles populares para crear el ambiente propicio que anuncie el nuevo milagro de la derecha española. La historia se repite. Nada ha cambiado y, en este caso, en el Partido Popular nada es posible de cambiar cuando la metástasis de la corrupción convierte a este partido en un paciente desahuciado.

Solo espero que la comunicación-manipulación del gobierno sea atropellada por la realidad que todos vivimos, la misma que viven muchos de sus fieles votantes que, aunque no tengan dónde caerse muertos, siguen atados a sus prejuicios alimentados por años de dictadura y postdictadura.

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