¿Qué se puede hacer?

Dentro de la mitología relativa a la supuesta democracia del Estado español, la constitución española de 1978 es un acuerdo entre españoles aunque realmente responda a los intereses de los que propiciaron dicho acuerdo. 
Las leyes son unas normas que aceptamos en las relaciones dentro de la sociedad aunque estén cortadas a la medida de los que tienen la capacidad de hacer la ley, sobre la que colocan un lazo bonito y la presentan como un logro de la propia sociedad [salvo durante las refriegas parlamentarias o mediáticas donde se deja claro quién está detrás de esta o de aquella ley]. 
El sistema representativo permite crear la ilusión de participación en la cosa pública aunque la crisis económica [política, social y ecológica] y la saludable irrupción del 15M permitió colocarla en su lugar. Un sistema creado para mantener los intereses de los poderes económicos, que son los máximos interesados en mantener el capitalismo imperante.
Participar en el teatro público implica aceptar las normas de juego aunque se tenga la intención de cambiarlas. La modificación desde dentro del escenario ya ha sido puesta en cuestión y acumula tantos fracasos que resulta, cuánto menos, candorosa la proclamación pública de un interés por cambiarlas, por parte de algunos grupos o partidos políticos.
Todos los partidos políticos que se presentan a las elecciones son reformistas aunque se utilice un lenguaje revolucionario, en clave interna, o se apueste por la modificación radical del sistema. Las diferencias están entre aquellos que afilan las aristas del sistema y aquellos que las despuntan pero con cualquiera de ellos el sistema permanece.
No tengo ni idea de qué se puede hacer. Solo soy consciente de lo que no ha funcionado y de que el ser humano es un experto en persistir en el error. Cuando pienso en qué se puede hacer me fijo en las personas que formamos parte de la sociedad y en la posibilidad de convertirnos en constructores activos, en protagonistas de algo nuevo. Me fijo en los espacios que pretenden funcionar de otra manera diferente. En la transformación liderada desde abajo por los de abajo. En la fuerza de la solidaridad y del apoyo mutuo. Si hay esperanza, esta vive en cada uno de nosotros.

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