Los cómplices de las torturas y malos tratos en el estado español

El Comité Europeo para la Prevención de la Tortura y de las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes (CPT) denuncia la existencia de malos tratos en prisiones, comisarías y Centros de Internamiento para Extranjeros en el estado español y qué es lo que pasa: nada. Da igual que estas denuncias se realicen desde hace décadas. Los diferentes gobiernos españoles no han investigado los malos tratos ni han puesto remedio para evitar que se produzcan. De hecho, se construyó todo un entramado legal para legitimar la represión policial y judicial en Euskal Herria que favoreció el todo vale en la acción policial traducido en ilegalizaciones de medios de comunicación en euskera, con acusaciones de tortura incluidas, y criminalización del movimiento independentista. En ocasiones la simple expresión en euskera ha sido suficiente para poner en funcionamiento la maquinaria represiva. O el apoyo al independentismo vasco ha generado acusaciones de apoyo a la violencia. Se ha criminalizado conscientemente al independentismo desde los medios de comunicación, siguiendo una estrategia antidemocrática de los diferentes gobiernos españoles, que ha polarizado a gran parte de la opinión pública, la cual ha quitado importancia, ha validado o ha insertado dentro de la estrategia de ETA las acusaciones de tortura. Jueces como Garzón han mirado hacia otro lado y han optado por no investigar las denuncias de tortura. La lucha contra el terrorismo ha sido utilizada para cercenar derechos y cometer tropelías indignas en nombre del estado de derecho y de la democracia. El terrorismo define a quién lo comete pero los métodos y estrategias de lucha contra el mismo define a las sociedades y a los estados. La aplicación sistemática de los malos tratos y el desinterés por acabar con ellos son la medida de las carencias democráticas del estado español.

El CPT no solo denuncia sino que hace recomendaciones que el gobierno español ignora sistemáticamente. De hecho, lo que se está poniendo en cuestión es una política de lucha contra el terrorismo en la que la tortura y los malos tratos son una herramienta de amedrentamiento y venganza. Una política que el gobierno no va a abandonar porque le genera réditos políticos y electorales. A nadie le importa que peguen a un supuesto terrorista, qué se joda ¿verdad? Las relatos de tortura consistentes deberían poner los pelos de punta a cualquier ciudadano que se considere demócrata pero la realidad es que estos relatos pasan sin pena ni gloria cuando se conocen, con una mínima reacción ciudadana y periodística. Beatriz Etxebarria dice cosas como estas:

Durante el viaje a Madrid me dan golpes y “collejas” en la cabeza, y constantes amenazas. Me dicen que va a parar el coche y “te voy a poner en pelotas, te tiro a la nieve y te voy a abrir en canal”

Me dicen que tengo que hablar y me empiezan a quitar la ropa hasta dejarme totalmente desnuda. Estando desnuda me echan agua fría por encima. Me vuelven a poner la bolsa hasta 3 veces seguidas.

Estando desnuda, me ponen a cuatro patas encima de una especie de taburete. Me dan vaselina en el ano y en la vagina y me meten un poco un objeto.

Allí el comisario me vuelve a desnudar. Me estira del pelo, me da golpes en la cabeza y me grita al oído que es militar y que está entrenado para matar y que “te voy a destrozar toda por dentro para que no puedas tener pequeños etarras”
De esta ignominia son cómplices la Policía, la Guardia Civil, la Ertzaintza, los forenses, los jueces, los políticos pero, sobre todo, son cómplices los ciudadanos. Los que no dicen nada, los que lo apoyan, los que lo justifican, los que lo defienden, los que dicen que se lo han inventado, los que dicen que exageran, los que dicen que es lo que se merecen, los que dicen que es que la policía no es una ONG, los que dicen que con lo que han hecho no se les puede tratar de otra manera, los que dicen que les parece poco y que habría que matarlos, los que te llaman ingenuos y te dicen qué cómo habría que hacer si no…todos ellos son complices de los que torturan, de los que maltratan, de los que degradan con cada uno de sus actos, con cada una de sus palabras, la paupérrima pseudodemocracia que tenemos. Esta pseudodemocracia es producto de los políticos pero, sobre todo, de los ciudadanos que han permitido con su silencio, con su inacción y con sus palabras que todo esto suceda.

[Es alucinante que no se hable de esta vergüenza]

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