Receta de revolución no violenta en salsa de participación en masa

Cómo podemos hacer un plato de revolución no violenta en salsa de participación en masa acompañado de aderezos básicos como divisiones en las fuentes de poder del gobierno, unión ante las respuestas represivas del Estado y una variedad de estrategias de acción.

Ingredientes para 47.190.493 personas:

Un estado en descomposición
Una de participación en masa
Una de apoyo masivo a las acciones no violentas
Un 3/4 de representación de los sectores:
educativos, sanitarios, de los servicios sociales, judiciales, políticos, policiales (de estos procurar que sean los más honrados y sanos posibles)
Unas cuantas manifestaciones y concentraciones (al gusto)
Una de huelgas (para dar al plato fuerza)
Una de ocupaciones de los centros económicos de poder (agencias de calificación, bancos, etc)
Una de ocupaciones de centros de trabajo y de edificios públicos
Una de sentadas
Una de boicots (al gusto)
Una de asambleas por cada barrio
Una de performances críticas y de denuncia
Información y conocimiento sin límite
Una de deconstrucción de la propaganda gubernamental y de los poderes económicos.
Una de iniciativas ciudadanas de autogestión
Una de recogida de firmas contra los recortes de derechos ciudadanos
Una buena dosis de creatividad
Sal

Pimienta

Elaboración de la Receta de revolución no violenta en salsa de participación en masa:

Se coge el Estado en descomposición y se divide en sus principales fuentes de poder. Se maceran hasta conseguir que se desgajen partes importantes de cada división y se mezclan con la salsa de la participación en masa, que ya se ha ido calentando a fuego lento. La salsa se prepara con información y conocimiento, con un toque maestro de apoyo a acciones de desobediencia civil no violentas, como ocupaciones varias, boicots o cualquier otra. Estas acciones se elaboran machacando en un mortero una buena dosis de creatividad y un poco de pensamiento colectivo. Para evitar que las acciones se escurran fuera del mortero, añade un poco de sal y pimienta. Todo ello se sazona con variadas iniciativas de autogestión, que permiten darle al plato un sabor diferente y desconocido. Para dar consistencia a la masa se organizan manifestaciones multitudinarias y huelgas sectoriales y generales que permitan visibilizar el poder de los ingredientes, de tal manera que el Estado en descomposición se vaya reblandeciendo. Si el Estado aún está duro se adereza con unión ante sus respuestas represivas. Para que el sabor se ajuste adecuadamente a un buen paladar se deconstruye la propaganda del Estado y de los poderes económicos. Se deja calentar a fuego lento para después aumentar la temperatura hasta que empiece a hervir. Con las burbujas producidas por la acción del calor, va desapareciendo el Estado y empieza a coger un color revolucionario. Se comprueba su textura y si está en su punto no queda más que servirse un buen plato. ¡Buen provecho!

Hagamos que les cueste más caro mantener el status quo.


[Receta inspirada en el libro Why civil resistance works: the strategic logic of nonviolent conflict de Maria Stephan y Erica Chenoweth]

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