Igual se cree Cifuentes y el partido fascista al que pertenece que pueden hacer lo que quieran sin que los ciudadanos reaccionen. Les gustaría que fuéramos robots, programados para mover la cabeza de arriba a abajo, dóciles y obedientes, y cuando se dan cuenta que la realidad no es como quieren, que hay ciudadanos que levantan la voz y piensan de forma diferente, que creen que otro mundo y otro sistema es posible, envían a los mamporreros a repartir estopa, como se suele decir, indiscriminadamente, haciendo pedagogía de la violencia como símbolo del sistema que defienden. No quieren que nos salgamos del camino pero están apañados.
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