La mendocracia o el arte de decir mentiras. Una estrategia global de la derecha mundial

Las mentiras de la derecha forman parte de una manera de entender la política en la que todo vale para conseguir encaramar en el poder a aquellos que representan unos intereses, habitualmente lejanos a los ciudadanos pero que a través de la grosera manipulación de la realidad, la utilización maquiavélica de sus valores morales o las mentiras evidentes sobre las acciones de sus oponentes electorales les permite conseguir el apoyo ciego de muchos ciudadanos. 
 
En Estados Unidos, donde se hace todo a lo grande, una mayoría de ciudadanos cree que el gobierno de Barack Obama recauda más impuestos cuando la realidad es que los bajó y ningún medio de comunicación se encargó de contradecirlo. La mitad de los nuevos congresistas, elegidos en las últimas elecciones estadounidenses, no creen en la existencia del calentamiento global a pesar de la evidencia científica. Probablemente, el congreso intentará inyectar millones de dólares para financiar estudios científicos erróneos que han ayudado, en otras ocasiones, a introducir en los curriculum escolares mentiras como que los condones no funcionan o que el aborto provoca cáncer. Se dijo también que el viaje de Barack Obama a la India costó 200 millones de dólares diarios y muchos ciudadanos se lo tragaron. Muchas de estas mentiras son difundidas por medios de comunicación afines que ayudan a que queden grabados en la memoria colectiva sino son contrarrestados de manera rápida y segura.
 
La revista Newsweek elaboró una lista de las cosas más tontas que creen los estadounidenses. Muchas de ellas están relacionadas con las mentiras difundidas por la derecha.
 
Una quinta parte de los estadounidenses cree que Obama es musulmán. El 25%  no cree en la teoría de Darwin, entre ellos el gobernador de Kansas, Sam Brownback, frente a un 40% que sí lo hace. Casi el 40% creía, a principios de este año, la mentira, difundida por Sarah Palin y medios como The Washington Post, de que en la reforma de la salud promovida por Obama se iban a crear paneles de la muerte para decidir qué pacientes eran dignos de vivir y así reducir el costo económico que supone el cuidado de pacientes graves. Hasta hace pocos años casi la mitad de los estadounidenses creía que Saddam Hussein estaba implicado en los atentados del 11S, mentira difundida por Dick Cheney.
 
La mayoría de los jóvenes no es capaz de situar en un mapa Afghanistan o Iraq. 2 de cada 5 estadounidenses, a pesar de que la separación de la iglesia y el estado es un fundamento básico de la democracia de Estados Unidos, piensa que los profesores deberían dirigir las oraciones en las clases. Muchos todavía creen en la brujería, la percepción extrasensorial y otros fenómenos paranormales. Hace aproximadamente una década, un 20% creía todavía que el sol giraba alrededor de la tierra. Solo la mitad conoce que el judaísmo es la religión más antigua de las tres monoteístas. Otras ejemplos de insólitas opiniones sobre la religión se pueden encontrar en la Encuesta de Pew de este otoño.
 
En el año 2006, más estadounidenses fueron capaces de nombrar a dos de los siete enanitos que a dos de los magistrados de la Corte Suprema. Aunque para ser justos, Bonachón y Dormilón son fáciles de recordar. Más pueden identificar a The Three Stooges, conocidos en España como los tres chiflados, que a los tres poderes del estado.
 
Habría que preguntarse qué se puede hacer en un ambiente político y cultural donde una mentira bien contada tienen mayor validez que una verdad basada en hechos. Algunos medios de comunicación prescinden de los hechos y de las pruebas para difundir mensajes que puedan suponer un beneficio o un interés electoral. Lo mas sencillo es culpar a los ciudadanos de tragarse estás patrañas pero la responsabilidad de los políticos y los medios de comunicación es evidente. Vivimos en una sociedad que tolera, bajo una mal entendida libertad de decir lo que se quiera, que cualquiera diga lo que le venga en gana, sin ninguna prueba racional ni basada en los hechos. Además la crítica es entendida como un ataque a la libertad de expresión o como una simple disparidad de opiniones. Los mentirosos han dejado de ser mentirosos y se han convertido en simples opinadores, de tal manera que la mentira es libre. Un paso necesario para que algunas mentiras se conviertan en rumores que , a su vez, se conviertan en creencias permanentes. 


¿Les suena algo?


Entrada que parte y recoge contenidos de este artículo:


16 of the Dumbest Things Americans Believe — And the Right-Wing Lies Behind Them, un artículo publicado en Alternet por Sarah Seltzer

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