La sociedad que expulsa

Hay falacias bucle que se adaptan a las circunstancias. Las personas migrantes se aprovechan de los recursos sociales. Reciben prestaciones sociales antes que las personas nacionales y acceden a pisos de protección oficial de forma preferente. Hace años podías cambiar migrantes por gitanas. Las gitanas reciben prestaciones sociales y pisos de forma preferente a las payas. Esta injusticia, que no es real, levantaba ampollas entre los payos de la misma manera que ahora entre los españoles. Es un lío porque los gitanos también son españoles, pero según estas tesis son perjudicados y beneficiados a la vez. A no ser que seas gitana rumana que serías beneficiada por dos veces. Quién no conoce a una gitana rumana con su piso y sus prestaciones sociales y a esa pobre española tirada en la calle y sin acceso a las prestaciones por culpa de esta gitana. Siempre encontraras a alguien que conoce personalmente una situación como esta, en mi barrio así, muchos, y además tienes que creerles porque lo han visto con sus propios ojos, es su día a día. Para recibir el Ingreso Mínimo Vital, una prestación para personas en situación de vulnerabilidad social, tienes que cumplir unos criterios. Si los cumples, lo recibes. Si no, no lo recibes. Esto es real. Pero una parte de la sociedad siente que no es así. Y escribo siente, porque esto no es un asunto racional sino emocional. No es que se haga una valoración objetiva de las prestaciones sociales y sus beneficiados, o sobre el acceso a la vivienda sino que se defiende un posición en la que unos se aprovechan de otros, se enmarca a una parte de la sociedad como víctima y a otra como victimaria y se afirma de manera contundente. Sin duda alguna. Podemos pensar que la sociedad se cree cualquier cosa. Pero no es así. En nuestro mundo occidental los victimarios, es decir, aquellas personas que hacen daño, que nos perjudican, tienen ese papel adjudicado. Cuando la sociedad alemana de los años treinta y cuarenta del siglo 20 no solo no reaccionó ante las evidentes injusticias que se cometía contra los judíos en sus barrios sino que apoyó y defendió las medidas antijudíos, había siglos de sostén de la caricatura de judío como peligroso y dañino socialmente. No se atacó al judío por ser judío sino por cómo se definió al judío, qué características se le atribuyó. Se les atacó por cómo los no judíos dijeron que eran los judíos. Y esta idea del judío formaba parte de la sociedad alemana y de muchas otras partes de Europa. Por eso cuando aparece un partido, en un contexto social, económico y político confuso, regando la semilla del odio plantada durante décadas, una parte de la sociedad se lo cree.

Hemos visto cómo a lo largo del siglo 21 se ha ido construyendo al migrante como un peligro. Los medios de comunicación, los partidos mayoritarios, las conversaciones de taberna han hablado de la presencia insostenible de los migrantes, de avalanchas, de delincuencia y criminalidad, de inadaptaciones. Esta imagen ha dado pie a que en la Unión Europea se creen cárceles para migrantes por ser migrantes y centros de deportación, se les reprima en las fronteras, se les devuelva a países donde los policías son muy laxos con los derechos humanos y se les permita morir en sus mares. Y todos somos y hemos sido testigos de esto. Al igual que la sociedad alemana hitleriana permitimos y toleramos que se les trate de esta manera. Al fin al cabo la idea de que son peligrosos ha calado. Repetir de manera insistente la idea falsa de la avalancha de emigrantes crea realidad y adoptar esta idea da pie a que se pueda implantar cualquier solución que nos libre del peligro. Cualquier solución, con lo que esto puede implicar. La prioridad nacional de VOX es un paso más en un continuo de defenestración consciente del migrante. Este concepto tiene cabida en una sociedad europea donde se habla de la inmigración como un problema de seguridad y un riesgo para las sociedades europeas. Esta mirada sobre la migración no solo pertenece a Santiago Abascal sino a políticos de partidos de gobierno de muy variados países europeos e ideologías, por lo que sus políticas van dirigidas a restringir, eliminar o expulsar. El marco en el que incluimos una cuestión condiciona las decisiones que tomamos. Si entendemos la migración como un riesgo, nuestras políticas irán dirigidas a reducir ese riesgo. Si entendemos la migración como una oportunidad, qué otras políticas serían posibles. Seguramente las propias de una sociedad acogedora. Pero la realidad es que la percepción de que la inmigración es un riesgo es mayoritaria por lo que las propuestas de restringir y expulsar serán las más aceptadas, y en este contexto los partidos de extrema derecha se mueven como pez en el agua. Según el Eurobarómetro del Parlamento Europeo un 65% de las ciudadanas europeas están preocupadas por los flujos migratorios incontrolados.

La pregunta en el Eurobarómetro es la siguiente How worried or not are you about each of the following security or safety-related issues? La uncontrolled migration flows es un tema de seguridad. No para las personas que ponen en riesgo sus vidas al cruzar en barcas el mar mediterráneo sino para las personas que viven más o menos seguras en los países europeos. La migración como amenaza de nuestro estilo de vida. Este es el marco en el que se coloca a la inmigración por lo que un 65% de europeas preocupadas es coherente. Nos preocupan, como es natural, las avalanchas, los delincuentes y los violadores. Ahora, en pleno proceso de regularización de migrantes en España lo que nos preocupa es que se regularice a pedófilos que se queden con nuestros pisos y se aprovechen de nuestras prestaciones. Estamos construyendo la sociedad que expulsa, la sociedad que rechaza. Qué diferente sería si construyéramos la sociedad que acoge. Cómo afrontaríamos social y políticamente las muertes de las fronteras, qué pensaríamos de las cárceles de inmigrantes o cómo miraríamos a la persona que viene de otro país para iniciar una nueva etapa en el nuestro. Esta otra mirada no excluye las dificultades de todo proceso de adaptación y encaje sino que nos permite abordar la situación desde una perspectiva creativa. Abandonaríamos la idea de la integración y hablaríamos de convivencia. Empezaríamos a recuperar ideas que están enterradas por toneladas de propaganda reaccionaria como la multiculturalidad o las múltiples identidades en convivencia. Recuperarla como una realidad de las sociedades en las que vivimos, una realidad rica, flexible y diversa. El ataque a la inmigración es un ataque a las sociedades acogedoras y multiculturales, y el ataque a estas es un ataque a las ideas de convivencia, igualdad y diversidad. Quieren sociedades monolíticas y reniegan de las sociedades plurales. La lucha exitosa de los partidos extremistas contra la multiculturalidad solo puede conducir a la eliminación de una parte de esa sociedad. Estas son las derivadas de estos planteamientos. El éxito de esta falacia radica también en que simplifica un mundo complejo. Es mucho más fácil pensar que tus problemas como la falta de vivienda o la precariedad laboral tienen un culpable claro y visible (el migrante, la minoría) que entender que son fruto de políticas económicas, desregulación financiera o falta de inversión pública. El discurso del odio ofrece un chivo expiatorio y, con él, una falsa sensación de solución.

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