La revolución de los significantes

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La elección entre socialismo y libertad se presenta viciada. Nos dan a elegir entre dos conceptos desprovistos de su significado primario y convertidos en un saco donde cabe cualquier cosa. La palabra Libertad, que no la idea, es una de las preferidas de la derecha liberal y la extrema derecha. Sus discursos están trufados de Libertad y se presentan como los garantes de su disfrute. Pero si miras dentro de ella, no hay nada más que un vacío en el que se repite Libertad de forma ecoica. Díaz Ayuso afirmó que en Madrid se disfruta de derechos y libertades que no se tienen en toda España pero no se refería, por supuesto, al Centro de Internamiento de Extranjeros en Aluche sino a que no se cierra la restauración para que los madrileños puedan seguir tomando cervezas en las numerosas terrazas de la ciudad. El centro de la capital es un hervidero de personas comiendo en restaurantes, haciendo cola para encontrar una mesa en las terrazas o pagando sus entradas en discotecas y bares en los que se permite relajar las medidas sanitarias propias de la pandemia. Miles de franceses también disfrutan de estas libertades. Madrid es el lugar donde puedes venir de cualquier parte del mundo a saltarte las medidas que pretenden reducir la emergencia sanitaria. Libertad es hacer lo que Ayuso quiere y si no, es una agresión a la forma de vivir a la madrileña.

La gestión de Díaz Ayuso ha tenido un eje fundamental, la confrontación directa con el gobierno del estado, al que se enmarcó de forma emocional e ideológica como socialcomunista. Esta etiqueta no es nueva. La derecha española de forma tradicional ha catalogado las políticas de la socialdemocracia como socialistas o comunistas, a sabiendas del impacto que tienen estas denominaciones en el electorado conservador. Esta manipulación consciente es muy efectiva y tiene una analogía con la década de los 30 del siglo 20 en los que la ofensiva contra los partidos republicanos y de izquierda se sustentó en la acusación de socialistas y comunistas de forma genérica junto con la connivencia con el separatismo. Tanto el socialismo como el comunismo estaban asociados con la revolución, la violencia, el ataque a la propiedad privada y se consideraban una agresión a los valores y principios tradicionales, que bebían del catolicismo, y a una organización social basada en la división de clases sociales. El separatismo atentaba contra una idea sagrada y cuasi religiosa como es la unidad de España. Esta estrategia agresiva se empieza a replicar en los inicios del siglo 21, fundamentalmente con la derrota electoral de la derecha española en 2004, y alcanza su esplendor en los últimos años. También desprovee de significado a las ideas de Socialismo y Comunismo, de tal forma que se convierten en meras herramientas de descrédito del adversario político apoyadas por la activación emocional que pone en alerta y en modo belicoso al electorado de la derecha.

Así pasamos de debatir ideas a colocar la ideas dentro de un marco emocional que impide el debate. Este proceso de enmarcado explica la agresividad actual en la política española. Hemos dejado de debatir ideas lo cual tiene una implicación muy peligrosa. El pensamiento y la reflexión están heridas de muerte. Esta conclusión contrasta con una época en la que la derecha, especialmente la extrema, se reivindica de forma orgullosa como librepensadora. Se consideran el ariete contra el pensamiento único que dicen estar representado por los partidos de izquierda, que les dictan lo que tienen que pensar y sentir. Se muestran muy sensibles a la retórica izquierdista, que es percibida como una agresión a sus principios y valores personales, pero ajenos a la manipulación de los partidos de la derecha que son capaces de movilizarles y dirigirles desde el enmarcado emocional de los hechos. Así se muestran convencidos de que el PSOE es un partido que pretende construir un sistema socialista o que el gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos, de naturaleza socialdemócrata, es un gobierno socialcomunista. Esta falsificación de la realidad pasa desapercibida entre tanto librepensador porque sus análisis tienen un componente mayoritariamente emocional. Es decir, piensan con las vísceras.

Socialismo o libertad solo tiene el objetivo de movilizar al electorado de la derecha para que voten en las próximas elecciones a la presidencia de la Comunidad de Madrid, y se sostiene en una interminable campaña de comunicación confontativa y agresiva en la que se han asociado las decisiones del gobierno de la Comunidad a la libertad y las decisiones del gobierno central a la imposición. Esta continua diferenciación entre administraciones tiene como objetivo fijar un engañoso argumentario que pretenda dar cuerpo a la visceralidad. No ha habido decisión del gobierno central que no haya sido contestada, cuestionada o denunciada en un ejercicio de incesante belicismo. Es una ofensiva dirigida a conseguir una derrota sin paliativos de una izquierda percibida débil, dividida y desconcertada, atacándola por todos los flancos y liberándose del pudor intelectual que les lleva a defender públicamente lo que en otras épocas solo se atrevían en la intimidad. La política es solo un instrumento para someter y controlar al adversario y ante este objetivo cualquier medio utilizado es bienvenido. Díaz Ayuso se ha convertido en un referente de la derecha por el liderazgo en la confrontación y el ataque a los enemigos de la libertad. No hay ideas, no hay contenido, no hay pensamiento, no hay reflexión. Solo palabras vacías pero provistas de una gran fuerza evocadora. Libertad. Es la revolución de los significantes.

En el juego de la política de las democracias liberales sobreviven los que manejan los resortes clave, los que no tienen escrúpulos, los que maniobran en la oscuridad, los que aceptan órdagos con cartas escondidas en la manga. La efectividad de este juego tan peligroso se ve reforzada por la ausencia de contrincante. Frente a la carencia de ideas, se necesita imaginación, conocimiento y atrevimiento. Frente a las palabras vacías, significados. Frente a la política de los de arriba, la organización y la acción de los de abajo.

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