A la defensiva

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La ofensiva de la extrema derecha mundial en los países occidentales coloca a los partidos y movimientos de izquierda en modo defensivo. La narrativa se centra en cómo reaccionar y luchar contra el fascismo, como concepto genérico que engloba a diferentes variantes de la extrema derecha. Una de las acciones más señaladas es la participación en los procesos electorales que impidan su acceso al poder. Se alienta que se vote a cualquier alternativa. Así alcanzaron el poder Macron en Francia o Biden en Estados Unidos. Hace unos días Estados Unidos reanudó los bombardeos en Siria. No fue necesario que estuviera Trump en la presidencia. Otro de los campos de acción son las redes sociales en las que las cuentas de izquierda y de la extrema derecha se muestran muy activas. Batalla de hashtags, bloqueos colectivos a cuentas antagonistas y mensajes que pretenden desacreditar la ideología contraria, señalando las contradicciones o ridiculizando los mensajes del enemigo. El activismo virtual en este contexto proporciona la ilusión de que las acciones que se protagonizan tienen un impacto en la sociedad o que se está jugando un papel activo contra el fascismo. La realidad es que sirve fundamentalmente para alimentar el dogmatismo y el sectarismo desde el sofá de casa. Otra de las acciones es la participación en manifestaciones y contramanifestaciones. La izquierda cuando sale a la calle es para defender los restos que quedan de las medidas de la socialdemocracia como los servicios públicos o las pensiones y reivindicar antiguas reclamaciones que se han convertido en lamentos tradicionales como la III República. Mañana España será republicana desde hace 40 años.

Esto no implica que no sea necesario plantear batalla en todos los campos posibles. Claro que es necesario pero no es suficiente. Situarse en modo defensivo configura las acciones. No es lo mismo reaccionar que llevar la iniciativa. La sociedad necesita una izquierda que le permita recrear en su mente una idea: qué comunidad es la que pretende construir. Se necesita una izquierda que explique cuáles serían los principios sobre los que nos vamos a relacionar y cómo vamos a superar el actual sistema ideológico y económico que representa el capitalismo. Se necesita, por supuesto, una izquierda radical. La izquierda está llena de ideas, atravesada por decenas de tradiciones políticas, contrapuestas y enfrentadas. De hecho el concepto de izquierda es una generalidad que engloba a corrientes antagónicas y la falta de clarificación abona la incomprensión y el caos teórico de cara a la sociedad. Gran parte de la sociedad que mira a la izquierda con recelo la asocia con banderas de Stalin o creen que las izquierdistas son todas marxistas leninistas. Esta asociación no es inocente puesto que conecta con la idea del totalitarismo. Además ha sido aventada por la derecha y la socialdemocracia con el objetivo de invalidar cualquier alternativa emancipadora que surgiera desde la izquierda. Con mucho éxito. Quizás habría que empezar a clarificar el proyecto. ¿Una izquierda autoritaria o no autoritaria? ¿Competencia o apoyo mutuo? ¿Dominación o rechazo a dominar? Las respuestas a estas preguntas sirven para elegir a las compañeras de viaje aparte de abrir la posibilidad de delimitar un tipo de sociedad radicalmente diferente a la que tenemos actualmente.

Definir qué comunidad es la que se pretende construir es el primer paso para desarrollar una estrategia de comunicación clara y coherente que sobrevuele sobre los miedos y la incredulidad a que otro tipo de sociedad es posible. Ayudar a imaginar, recrear en la mente un mundo diferente, abre la posibilidad de que ocurra. Permite introducir cambios en la cotidaneidad, modos diferentes de relacionarnos entre nosotras y con la naturaleza. No existe este debate en la izquierda social. Se plantea una batalla a la extrema derecha sin un plan o, si se quiere, con el mismo plan de siempre. Frente a su modelo de sociedad planteamos la nada o lo de siempre. La ausencia de un proyecto condena a que las alternativas se circunscriban a Macron, Biden o el gobierno de coalición español entre PSOE y Unidas Podemos. En el Estado Español la apuesta por la izquierda institucional cercena cualquier posibilidad de superar el actual estado de las cosas. No podrá existir un proyecto emancipador desde el liderazgo de la izquierda institucional. Este solo puede surgir del colectivo. Si no estaríamos replicando modos fracasados e inoperantes. Este hecho nos coloca en una situación poco favorable porque si miramos alrededor solo oímos ruido. Se habla del gobierno, de las identidades, de los derechos y de todo aquello que los medios de comunicación y las redes sociales definen como tema de conversación. Pero no hay nada que tenga que ver con la organización social, el pensamiento colectivo, la disidencia y la radicalidad intelectual. El contexto ideal para los reaccionarios.

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