Fanáticas

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Hay ideologías que contemplan la realidad de tal forma que la deforman y expulsan todo lo que no se ajuste a elevados ideales construidos a partir de hechos falsos o infundados. Gran parte del pensamiento conservador español está basado en creencias falsas e inventadas que se transmiten de generación en generación en forma de mitos. Conectan con una idea muy atractiva que tiene que ver con el viejo esplendor del imperio español, una nación respetada que dominaba el mundo. Una historia limpia de toda mancha. La aspiración es volver a convertir España en el faro del mundo, en un país respetado y con voz y mando. La mención de hechos que cuestionen el ideal es vivido como una traición, una mentira dirigida a ensuciar el nombre de España. El fascismo español se sustentó en esta idea. Recuperar las viejas glorias. El himno fascista del Cara al Sol hace referencia a esto en varias estrofas. Volverán banderas victoriosas, Que en España empieza a amanecer o Volverá a reír la primavera ejemplifican esta idea al igual que el grito fascista de ¡Arriba España! El fascista José María Pemán decía al respecto que lo que queremos es que España vuelva a “su sitio”: al sitio que la Historia le señala. Y el sitio es ese: «Arriba». Es decir, cerca del espíritu, del ideal, de la fe… Cerca, sobre todo, de Dios. Esta elevada aspiración forma parte de la esencia del pensamiento conservador que mira más al pasado que al futuro. Un futuro que consiste en volver a ser lo que dicen que fueron.

En otros países el pensamiento conservador no está necesariamente unido al fascismo pero en el estado español caminan de la mano. No ha habido interés por distanciarse de una ideología que contaminó a la intelectualidad y al pueblo, perviviendo sus ideas de forma implícita en la acción y el pensamiento de los partidos políticos de la derecha española. Cuando se habla de fascismo, muchas españolas piensan en el fascio italiano o el nazismo alemán pero pocas se refieren a la dictadura franquista como fascista. Esto implica que, si no existe un reconocimiento de la influencia del pensamiento predominante durante más de 40 años, no se puede reflexionar, debatir y eliminar las influencias y el poso que dejó en la sociedad. Pudo pensarse que si no se hablaba de ello, se conjuraba el riesgo. Lo cual no es cierto. Se orilló a los reaccionarios pero se permitió que el pensamiento conservador, plagado de ideas fascistas, fuera legitimado políticamente y sobrevivió en Alianza Popular/Partido Popular y en otros partidos posteriores como UPyD o Ciudadanos. El exacerbado nacionalismo español de estos tres partidos es una herencia de la dictadura fascista, que busca la confrontación directa y practica una retórica que demoniza el diálogo y los acuerdos. Esta narrativa estimula el pensamiento larvado, no debatido, no reflexionado, no criticado, de muchas españolas que se agarran al asta de una bandera para agitar y golpear a las que empiezan a perfilar como enemigas. La especial peligrosidad del actual nacionalismo español radica en su conexión directa con el pensamiento fascista de la dictadura.

Federico Jiménez Losantos, uno de los animadores de la confrontación y la agitación, promocionado en su momento por Esperanza Aguirre y los sectores mas reaccionarios de la derecha española, ha escrito un libro titulado La vuelta del comunismo. Aspira a ser un ensayo político aunque el título invita a pensar que es un ensayo de ciencia ficción. No es necesario leerlo y, por supuesto, no es necesario comprarlo. FJL construye, a través de su medio de comunicación, una realidad amenazante que coloca a sus oyentes y seguidoras en un estado de constante alerta. El anticomunismo es otro de los ingredientes básicos del pensamiento conservador español con raíces fascistas. La propaganda fascista utiliza todos los medios a su alcance para diseminar sus ideas y enardecer a todas aquellas personas que se encuentren en su radio de pensamiento. La literatura fantástica de FJL es un medio más. Pero están en las tertulias radiofónicas, en los debates televisivos, en canales de YouTube e Instagram y en la columnas de opinión de los periódicos digitales y en papel. La ofensiva es desmesurada y tiene como objetivo la fanatización de un sector de la población. El fanatismo es un elemento de control de la población. Las personas más fanatizadas son más fáciles de influir y de instrumentalizar. Se cortocircuita la reflexión y se potencia el pensamiento de un único camino, y lo más peligroso es que convierte al contrario en una amenaza que en un determinado momento hay que eliminar.

Esta estrategia de fanatizar y mantener en alerta es muy eficaz en contextos de incertidumbre como el que vivimos. A pesar de restringir la capacidad de reflexión las fanatizadas se identifican a sí mismas como librepensadoras. Muchos de los perfiles de la red social Twitter que difunden y defienden la propaganda fascista se definen de esta manera y añaden otros calificativos como políticamente incorrectas e inconformistas. Esta elevada percepción de sí mismas contrasta con la repetición de ideas que surgen de partidos políticos y medios de comunicación afines. Son librepensadoras pero repiten las consignas de partidos como VOX. En este ambiente fanatizado la realidad inventada es aceptada sin cuestionamiento. De esta manera el auge del anticomunismo convive con la marginal implantación de las ideas comunistas en la sociedad española. No deja de ser curioso que en un país en el que no ha existido una tradición comunista fuerte, a diferencia del socialismo y el anarquismo, el anticomunismo sea una de las ideas clave para fanatizar y movilizar a la población. De alguna manera al comunismo se le ha despojado de contenido para convertirlo en todo aquello que se rechaza políticamente. Comunismo es todo aquello que desprecian y odian. Es un saco en el que cabe todo lo que temen. El anticomunismo nace de la deformación de la realidad por parte del fascismo español hasta el punto de que se utilizó como justificación del golpe de estado y la guerra civil de 1936. La amenaza comunista fue y sigue siendo una invención de los fascistas.

El fanatismo estrecha nuestra mirada sobre el mundo. Solo tenemos una mirada válida sobre lo que ocurre y las otras miradas son rechazadas o criminalizadas. El proceso de fascistización en el que estamos inmersos convive de forma necesaria con este proceso de fanatización. Necesita dogmas como la unidad de España, principios innegables e inamovibles, y para ello necesita personas apasionadas, febriles y excesivas. El fascismo necesita fanáticas, no librepensadoras.

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