Ser de izquierdas

Andrés Bódalo, concejal de Jaén en Común, ingresó en prisión y el programa de El Intermedio se burló de esta persona y de su entorno. Un cachondeo. El Gran Wyoming un tío de izquierdas, el programa un azote de la derecha rancia y la cadena La Sexta un referente de la izquierda progresista. O eso dicen. Son los mismos de La Sexta Noche y Al Rojo Vivo donde acuden personajes como Inda en aras de esa cosa que llaman pluralidad que consiste en invitar a cualquiera a hablar sobre cualquier cosa. Los medios de la derecha nos dicen que esa cadena, de la que fue propietario un presidente trotskista, da voz a la izquierda. No podemos dejar de ver el programa Salvados del follonero Jordi Évole que nos descubre la mierda debajo de las alfombras. Se les acusa de estar detrás del fulgurante ascenso de los revolucionarios chavistas de Podemos. Sí, estos izquierdistas, esos guionistas que tienen tan alto sentido de humor, son capaces de reírse y burlarse de todo. Prohibido prohibir. Andrés Bódalo o Paquirrín. Da lo mismo. Sirven para pasar un buen rato.

La cadena La Sexta es el espejo en el que se refleja el estado de esa izquierda que se dice que es de izquierdas pero que no tiene ninguna formación política ni son capaces de mantener un discurso más allá de los tópicos. Es esa que maneja los medios y tiene una capacidad discursiva vacía de contenido, llena de palabras que no dicen nada. Es esa que repite las cosas acríticamente, sin reflexión, sin análisis y que se comunica a través de eslóganes o no más de 140 caracteres. Es esa que critica los argumentarios del Partido Popular mientras se empapa de lo que hay que decir en esos medios que se visten de progresía. Es esa que calca los discursos de los próceres de la izquierda, elevados en el trono por los índices de audiencia. Esa que defiende países que ni conoce ni le interesa conocer. La que se mueve en un entorno en el que hay que pensar de una manera y se esfuerza por no salirse del rebaño. Esa, esa es la izquierda que se ha construido en las últimas décadas, producto de la banalización de las ideologías, la izquierda de la camiseta del Che Guevara. La formación, la lectura y el estudio han dado paso a la impostura, al triunfo de la apariencia.

Para ser de izquierdas hay que comprarse un libro de El Gran Wyoming, o escuchar las reflexiones de Gabilondo o cagarse en Inda. Cuando alguien me dice que La Sexta es la única cadena en la que merece la pena ver espacios políticos no veo a un extraterrestre. Un extraterrestre sería un ente formado, analítico, comprometido, reflexivo y crítico. Ser de izquierdas es vestir de una manera y pensar de una manera, eso sí, superficialmente no vaya a ser que venga el comunismo y nos pille con las manos en el mando a distancia, mirando embobados a Iñaki López y a los bufones que invita a su programa. Ser de izquierdas hoy es un bluf, es una revolución sin letras pero con mucha algarada, es irse la fuerza por la boca, una escopeta sin balas. Y si hay alguien que sabe esto está a nuestra derecha, la que decide lo que tenemos que ver, escuchar y pensar. Somos rebaño aunque nos creamos lobos. Sigamos riéndoles las gracias.

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