El juego


Si rechazas las reglas del juego y quieres cambiarlas, no puedes participar en el juego tal como está configurado. Creas otro y de manera paralela empiezas a jugar con otras reglas diferentes. La cuestión está en qué reglas se eligen para sustituir a las que se rechazan. Si yo decido utilizar las reglas de juego que quiero cambiar, inmediatamente estoy jugando al juego que yo no decido. Da igual la intención que se tenga porque las reglas guían cada uno de los movimientos en el tablero. Las nuevas reglas modificarían el tablero, las viejas ahondan las rodaduras de todos los movimientos anteriores que nos hacen pensar que no hay más camino que el marcado. Las viejas inercias convierten en retórica los anuncios de cambio mientras jugamos al mismo juego. La dificultad estriba no solo en saber qué nuevas reglas son las que queremos, también en convencer a una mayoría de que el juego actual es de única dirección, la misma que ha conducido a las personas, a la sociedad y al medioambiente al estado en el que se encuentran. En crisis. Los experimentos individuales o desarrollados por pequeños grupos apuestan por un proceso largo cuyo fin último no está garantizado y con riesgo de absorción por parte del sistema. Cerrados y limitados no tienen capacidad de contagio. Un golpe en el tablero en minoría conduce al totalitarismo y convierte las viejas pero conocidas reglas en algo deseable. Quizás podamos experimentar con nuevas formas de relacionarnos de manera abierta, participativa, colaborativa, fraternal, solidaria y útil que superen los valores que sustentan las leyes actuales, alejada de los medios habituales de transmisión pero en conexión con cada una de las personas que nos rodea. Todo aquello que aparezca en las televisiones se adulterará, se trivializará, se convertirá en mercancía. Lo nuevo deberá eludir las trampas mediáticas, esconderse de los focos como un prisionero que escapa de la cárcel que le ha aprisionado durante siglos. Y aún así, lo nuevo deberá tener capacidad de contagio. La aspiración a convertirse en más. Suficientemente sugerente como para sortear el miedo al cambio. Las reglas deben cambiar para que juguemos a otra cosa. 

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