Creed en cualquier cosa en la que hayáis nadado

Dejo un extracto del guión de una película que vi hace muchos años. No recuerdo cómo se titula pero anoté en un cuaderno este texto:


Cuando era niño existía un lugar, era un sitio tenebroso. Lo único que había era montañas de árboles y cañaverales. En serio, encontrarlo la primera vez era muy difícil pero volverlo a encontrar era un milagro. Por eso llamábamos a este lugar, a este lugar mágico, el río perdido. Y había gente en la ciudad que no creía en su existencia pero de vez en cuando, alguna joven o algún chico lo encontraba por casualidad. Y no había que decirles nada. Sin una indicación, sin un mapa, lo sabían. Oh, aún los oigo.. “Dios mío, hemos encontrado el río perdido”. Recuerdo el día que lo vi. Llegué a aquel cañaveral al atardecer. Me había perdido pero cuando vi aquel lugar, me agarró el corazón, lo juro por dios. Me puse la mano en el pecho para agarrarme el corazón. Pensé que iba a morir. Había algo como bruma que salía desde el agua, rayos dorados de sol atravesaban aquel gris y tenebroso pantano y cuando llegaron a la bruma todo se hizo dorado. Parecía que habían convertido el aire, el agua y mi corazón en oro, y bajo el agua vi un gigantesco pez negro, enorme, enorme como un submarino avanzando en silencio y sin vacilar como un dios. El tiempo había desaparecido. Tuve que quitarme la ropa y lanzarme al agua. Me zambullí en aquel oro frío y ahuyenté al mismísimo dios. Y lo supe. Me di cuenta en aquel mismo momento que aquel lugar me había pillado y agarrado por el alma. Y os diré la verdad, aún me tiene. Cierro los ojos y aún sigo allí. Me zambullo en el agua, nado en los dorados rayos del sol pero dios me hace eternamente joven. Cuando me fui, como le ha pasado a todo el mundo, no pude volver a encontrar aquel lugar. Jamás supe cómo llegué, ni cómo regresé. Pero cuando llegué a casa, llamé a mi padre y le dije: “papá, he encontrado el río perdido”. Y sonrió. Lo supo por la expresión de mi cara. No necesitó ninguna explicación y supo que no estaba exagerando. La gente lo sabía, sabía cuando alguien lo había encontrado de verdad. Mi padre asintió y dijo: “sí, yo tenía tu edad cuando lo encontré”. Creo que fue 3 o 4 años después cuando mi padre nos llevó a mis 6 hermanos y a mí al centro cívico. Los tiempos eran muy difíciles y estaba buscando trabajo desesperadamente. Allí, en el edificio del centro cívico, está la sede del cuerpo de ingenieros del ejército, y tienen un mapa de los que no habéis visto nunca. Cubría toda la pared, era grande, sí, grande como el hambre de un urogallo, y tenía detalles y colores y relieve. Donde había colinas, tenía colinas. Donde había valles, tenía valles. Pasar los dedos por el mapa era como estar allí, ir allí, viajar. Mi padre, mis hermanos y yo empezamos a mirar y recorrer el relieve con los dedos cuando, de repente, aparece un supervisor barrigudo, con un diente de oro, y dice: “¿qué estáis buscando chicos?”. yo le miré a los ojos: “el río perdido”. El diente de oro brilló al momento: “ese sitio no existe”. “Yo lo vi”, le dije yo. “Muchacho, esto es el mapa topográfico oficial del cuerpo de ingenieros del ejército y está bien. El control de inundaciones de la zona depende de la precisión de ese mapa y el río perdido no existe”. “Nadé en él” dije yo, y él: “No, nadaste en el río rojo”. “No, nadé en el río perdido, conozco la diferencia”. La habitación quedó en silencio. El supervisor respiró profundamente, arrugó los labios con desprecio, para que brillará el diente de oro y dijo, muy paternalista: “estúpido crío, sé de qué estoy hablando y te equivocas”. Llamé a mi padre y le dije: “papá, díselo”, y el supervisor se volvió a papá, como un rayo, y papá bajo la mirada. Yo dije: “papá, papá, díselo. Se equivoca”. Mi padre me miró y me dijo: “no, hijo, él es el experto”. Bueno, ese día me enteré de que existían los expertos y de que sabían más que tú, en algunas cosas, pero en otras tú sabes más, y seguramente las cosas más secretas y maravillosas de tu corazón y de tu vida no están en ningún mapa. Pero has estado allí, sabes que existen, que son reales, aunque no puedas demostrarlo. No dejéis que nadie os convenza de que lo que creéis verdad es mentira. He aprendido que un experto es una persona débil. Por eso creed en cualquier cosa en la que hayáis nadado.

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