¡Guerra, guerra, guerra!

¡Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra! gritaban grupos de saharauis, mujeres y hombres, durante la manifestación del pasado sábado en Madrid. Guerra. Esta es la disyuntiva en la que se encuentran los saharauis, confiar en que los organismos internacionales y gobiernos den pasos sinceros hacia la resolución del conflicto, hasta la realización de un referendo de autodeterminación, conscientes de las traiciones y de la pasividad internacional ante lo que sucede en el Sáhara Occidental, o acudir a las armas y defender aquello que se les niega injustamente desde hace décadas, opción abandonada hace años con la esperanza de que la comunidad internacional trabajara por la libertad del pueblo saharaui. Seguir en la frustración de no conseguir nada o luchar y morir por aquello en lo que creen. Entiendo la frustración, la rabia, el odio, la tristeza y la desesperación. Me indigna la posición de las grandes potencias occidentales y organismos internacionales por su hipocresía y por haberse posicionado al lado del agresor, indiferentes al sufrimiento de las personas. El cinismo occidental, contra el que es difícil luchar, ¿invita a la utilización de las armas para conseguir objetivos justos? Qué contradicción. Los que se declaran como defensores de la democracia y de la paz, crean conscientemente el escenario para que se produzca la lucha armada. ¿Quiénes somos para juzgar al Frente Polisario si decide volver a utilizar las armas? Solo los causantes de que lo hagan. Aún así nos creeremos con la autoridad moral para juzgarles, al igual que a los palestinos, por defenderse de las agresiones, de la pasividad internacional, de la pobreza y de la muerte. Delante de nuestros ordenadores, viendo la tele, tumbados en el sofá o tomando una caña. Qué esperpento de sociedad, de gobierno, de vida, hemos construido.

Se les acusará de terrorismo; se les equiparará con los agresores, como ya se hace; se enquistará, seguramente, el conflicto; se organizarán conversaciones de paz que acabarán en nada; nuestros políticos, hipócritamente, nos dirán que hacen todo lo que pueden; veremos por televisión sus muertes en directo, anestesiados e indiferentes ante tanta violencia. No, no creo que la solución sea la guerra, pero ¿qué otra opción les dejamos?


Un comentario en “¡Guerra, guerra, guerra!”

  1. Crudo pero desgraciadamente factible post.

    Quién ha visto al Psoe (dirigentes) y quién le ve –ahora-, en este asunto como en muchísimos otros su actuar da vergüenza ajena. La Dignidad no tiene precio, ni se compra ni se vende.
    Un saludo

    Ahora mismo, en el blog de Gyoni: Frenando aAlonso

    Me gusta

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