Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa

mentira.
(De mentir).
1. f. Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa.
Hay algo a lo que parece que nos estamos acostumbrando en el Estado español. La mentira ha sido una herramienta de muchos políticos, expertos en el arte del engaño, pero precisamente por ser una mentira se la intentaba disfrazar de verdad, ocultarla, deformarla hasta convertirla en una expresión creíble y fiable. La mentira sigue siendo una herramienta utilizada con alarmante frecuencia pero ahora la diferencia es que no se intenta ocultarla. Se dice tal cual. El esfuerzo que requiere vendérsela a los ciudadanos es innecesario porque ya no pasa nada. Se puede ir al Parlamento y mentir porque nadie va a pedir cuentas, acaso las molestias que provoca la berrea de la oposición, unos pocos artículos en los diarios o unas manifestaciones inofensivas. Al día siguiente o al siguiente podrá entrar de nuevo en el Parlamento sin que nadie le cierre las puertas o le recrimine su conducta. La mentira forma parte de las reglas de juego y ni siquiera se podría decir que forma parte exclusivamente de la derecha más incivilizada de Europa. Aunque la mentira sea evidente es imposible sacarle los colores a quién la expresa, la dice convencido de que es verdad a pesar de que todos los que están enfrente saben que es mentira y tienen pruebas para demostrarlo inmediatamente. No importa que se sepa que es mentira sino que se difunda, porque se sabe que habrá suficientes creyentes como para creérsela o como para justificar que se diga. Creyentes que votarán en las próximas elecciones a su favor, pase lo que pase, digan lo que digan. ¿Qué sentido tiene decir mentiras flagrantes sino es porque se confía en que hay suficientes personas que las van a aceptar? ¿Qué sentido tiene decir mentiras evidentes sino es porque se controlan suficientes medios de comunicación que las convierten en noticias, aunque después digan que no es del todo cierto? Las mentiras sin caretas ni disfraz en el poder son un signo de seguridad. La seguridad de que no hay nada que les tumbe, ni la mentira más disparatada.

El Partido Popular es el partido cuyas mentiras allanaron el camino para su derrota en las elecciones de 2004: el 11M y las armas de destrucción masiva de Iraq. En la actualidad la mentira, el engaño, la falsedad son utilizadas para defender su gestión en el gobierno y la situación económica. No es nada extraño. Una parte de los ciudadanos, a pesar de la historia de este partido, les premió en el 2011 con una nueva legislatura presidida por el exministro que mintió ante la mayor catástrofe ecológica que ha sufrido este estado. La mentira ha resultado ser una buena compañera de viaje. No en vano, la falta de conciencia democrática ha sido y sigue siendo terreno abonado para su crecimiento.

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